Cartel de 200 vidas. Paco Rabal. Créditos: Hayeda Cultura.
Benito Rabal es un conocido director, guionista y escritor que, además, es hijo de Paco Rabal, protagonista de 200 vidas. Paco Rabal, trabajo en el que podemos conocer la vida del artista. Hace unos días, pudimos sentarnos con él para hablar sobre este trabajo y cómo fue trabajar junto a su padre.
Fue una persona de lo más humilde y sorprendente dentro de este gremio, algo fuera de lo común. Benito, tu padre, tal y como se cuenta en el documental, a la primera persona a la que acudía era su padre. Y también el papel de tu madre en su vida es vital.
Fundamental, imprescindible. Pero los dos, ¿no? Es una persona que no podía tener vanidad, una persona que siempre se sintió un trabajador.
Cuando vinieron a Madrid, empezó vendiendo pipas y caramelos por la calle. Luego, vendía en los hospitales donde estaban los enfermos de la guerra civil, soldados y tal, vendía novelas pornográficas y tabaco, hasta que le pilló un cura. Luego trabajó de bombonero… Incluso quiso ir a Australia a cazar conejos. Quiso ser boxeador, pero no tenía cuerpo de boxeador. Y siempre su historia era sacar adelante a su familia, pero siempre con una vocación oculta que tenía ahí él, y que se cuenta muy bien en la película, que le viene de la familia de mi abuela paterna. Es verdad que son todos muy chistosos y músicos. De hecho, la cuadrilla que canta al final de la película son muchos de ellos primos por parte de mi abuela.
Y siempre tenía esa vocación de actor, hasta que consiguió entrar desde abajo y nunca perdió el sur. En este caso no se trata del norte. Y nunca lo perdió, entre otras cosas, porque nunca olvidó de dónde venía. Es como dice la frase de Teresa León: “si no hubiera raíces, habría que inventarlas” y él las tenía muy aferradas, tanto físicas como ideológicas.
Todo el trabajo está narrado por Paco y es gracioso tutearle como si estuviera aquí con nosotros.
Es que está aquí con nosotros.
La figura de Paco Rabal es algo universal desde hace mucho tiempo.
Es una cosa muy curiosa que yo siempre lo he vivido cuando me preguntan cómo era vivir con una persona tan conocida… Es que era una persona querida y ahí está la clave. Hay una anécdota muy buena, que no la he contado antes: cuando se hizo la expo de Sevilla, Murcia le dedicó un pabellón a mi padre cuando yo hice la película sobre él y tal. En un momento determinado, coincidió con Felipe González cuando iban a pasar los dos por el torno de entrada y, de repente, el guardia de seguridad, que se ve que no le gustaba nada Felipe González, le pidió el carné de identidad. Felipe dijo: “Hombre, soy el presidente” y el guardia replicó: “No, no, pues será el presidente, pero usted tiene que identificarse”. Detrás iba mi padre y le preguntó: “¿Quiere mi carné?” Y le respondió: “Usted pase, Juncal”.
Una de las claves, aparte de mi madre, de mi abuelo, luego del personaje de Luis Buñuel, que cada vez que mi padre tambaleaba un poquito, algo normal, a pesar de la fortaleza mental que tenía, pero es que salir de una aldea y llegar donde llegó, sí o sí, que tiene que afectar en algo, ¿no? Y es que siempre tenía sus referentes, que siempre estaban ahí, cuando se tambaleaba, dudaba o algo, siempre recurría a esos personajes. Incluso en una época de su vida le pasaba también conmigo. Eso me gustaba mucho. Pero lo bueno de él era que él sabía el cariño que recibía. Al fin y al cabo, era el mismo cariño que él daba a través de sus personajes. a través de todo esto y a través de lo que se ve en la película y lo que él mismo cuenta.
Volviendo a todo el tema del ego, hablamos de una persona que es sincera en todo momento. Es sincero incluso en los momentos más difíciles y más problemáticos, como los problemas que daba en casa y que no esconde en ningún momento. Parece que estás delante de lo que se entiende como una persona “normal”. ¿Eso también ayuda a crear cariño en torno a su persona?
Claro, yo creo que él recibía ese cariño precisamente porque era una persona normal. Me acuerdo muchas veces, ya en los últimos momentos, que era tan conocido y tan querido, que estábamos en un restaurante donde habíamos ido a comer la familia, o con Alberti o lo que fuera, y entonces empezaba a acercarse gente que decía: “Paco, ¿me voy a hacer una foto contigo?”, y había algunos en la mesa que decían: “Joder, Paco, córtales un poco, ¿no?” Y mi padre respondía: “¿Cómo lo voy a cortar si me quieren?». Y, muchas veces, el que había venido a hacerse la foto, acababa comiendo con nosotros y luego seguíamos merendando o acabábamos cenando en su casa.
He echado en falta a tu hermana Teresa: ¿No tenéis la sensación de que el retrato queda, en parte, incompleto?
Mi hermana está en todo el material de archivo y luego ella no es que haya estado en desacuerdo ni mucho menos, pero ha sido un momento en el que estaba trabajando y no ha podido participar mucho en ello.

Benito Rabal: «Paco Rabal era uno más del equipo»
Tuviste la suerte de dirigir a tu padre en varias ocasiones, ¿cómo hiciste esa separación de «papá» y Paco Rabal? ¿Qué destacarías de la forma de trabajar de tu padre?
Primero, una suerte por trabajar con un actor fantástico y muy disciplinado. Igual que hablamos antes del cariño y el respeto, llegaba y era uno más del equipo. No se encerraba en un sitio, ni a la hora de comer comía con el director y los otros actores. Se hacía su bocadillo y se juntaba con los camioneros o los eléctricos, como cualquier tío normal.
Y, como actor, te aportaba tanto… Creo que eso lo aprendió desde el momento que conoció a Buñuel, que no era un creador más. En el cine, aunque sea por un segundo del momento, todo el mundo crea, todo el mundo es imprescindible. Yo siempre, cuando doy alguna clase, siempre les digo a los alumnos: “En una película de amor y lujo, ¿qué es lo que da el lujo?” Y todo el mundo dice que el vestuario o el decorado, pero no. Es que el suelo brille y, para que el suelo brille, tiene que haber alguien que lo ha fregado. Si ese suelo no brilla, da igual que la película sea El Gatopardo, y mi padre era muy consciente de eso.
Era muy disciplinado, era muy fácil trabajar con él. Hemos hecho 22 películas juntos y, ya de director, teníamos una especie de acuerdo tácito, pero no hablado: yo no decía “corten” tras acabar el plano o su diálogo, porque a él siempre se le ocurría algo, que luego lo utilizaba o no, pero siempre había un gesto o algo que al 80% lo utilizabas también. La verdad que nos respetábamos mucho también.
Tú tienes una pieza documental protagonizada por tu padre. ¿Cómo ha sido ver desde fuera el trabajo de Vanessa?
Es una joya. Yo ya hice todo lo que tenía que hacer sobre él: una película documental y un libro que me encargaron, que no solamente era sobre él, era sobre mí, pero mi padre y mi madre aparecen como algo fundamental. De hecho, se llama Gracias por mi vida.
Cuando me hablaron de si quería participar en la historia, dije que no, que tenía que ser una mirada limpia, y la verdad que el trabajo ha sido más el de identificar a una u otra persona.
Un fabuloso trabajo que nos acerca la figura de una persona que, más allá de su carácter público, siempre se sintió como una persona «normal». Gracias, Benito.
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Actor y director teatral con veinte años de experiencia a bordo de la compañía Teatro Baypass, que él mismo fundó. Miembro de la organización de la Feria del Libro de Parla y técnico de cabecera en Estelar Media. Lee libros y cómics con la misma pasión que disfruta de un concierto o de una buena sesión de cine. ISNI 0000 0005 1808 8693



