John Rhys-Davies en la San Diego Comic-Con Málaga de 2026. Créditos: Marc Martí/docpastor.com
La charla de John Rhys-Davies se salió de la norma de la San Diego Comic-Con Málaga y esto fue así dado que el moderador de la misma le hacía preguntas… y él respondía lo que le venía en gana y se iba por las ramas. Eso sí, tenía tanta gracia que a nadie pareció importarle.
Lo primero que hizo fue dar las gracias a los asistentes: «Muchas gracias, sois fantásticos. Me encanta venir a España porque sois tan amables, tan cálidos, tan guapos». A continuación cogió el toro por los cuernos y recitó unas frases de El señor de los anillos, saga literaria de J.R.R. Tolkien que Peter Jackson adaptó al cine y en la que interpretó a su personaje más popular: el enano Gimli.
John Rhys-Davies y Gimli, de alturas y truquitos
Así se entró de lleno en este papel y en la anécdota de que él era, en realidad, uno de los actores más altos en el rodaje y tuvo que interpretar a uno de los más bajos. Este era un punto clave, y así lo expresó John Rhys-Davies, dado que el filme solo podía funcionar si el público se creía las alturas de los hobbits, los enanos y el resto de criaturas.
Para lograr este éxito se usaron trucos de todo tipo, de los que él explicó algunos. Por ejemplo, se jugó tanto con los niveles, unos más arriba y otros más abajo, como con las perspectivas. Continuó con cómo también se usó el ponerle al lado de alguien muy alto, con un cinturón enorme y una funda de espada gigantesca, de esta manera él parecía ser mucho más pequeño de lo que en realidad era. En el rodaje de la trilogía de El hobbit esto cambió, la tecnología había avanzado y permitía tener dos sets idénticos, cámaras en ambos… Como él mismo dijo, «Esa es la nueva tecnología. Pero al principio tuvimos que engañaros con truquitos».
Entre los truquitos, imprescindibles en todo el cine de fantasía, está el maquillaje que en su caso no era un paseo por la playa. Un total de cinco horas diarias para ponérselo, después a rodar y en cada corte otros veinte minutos para retocarlo. Esto era tal incordio que se terminó usando a un doble para varias escenas y él grababa la parte final, tras doce horas de rodaje y con el equipo ya en su casa; así que su único espectador era el propio Peter Jackson, que cuando tenía lo que buscaba le decía «Venga, John, ahora improvisa» y se le escapaba una nada oculta risilla.
Entre estas improvisaciones se cuenta la conocida frase de “¡La barba, no!”, que surgió por completo de forma espontánea. Gimli se tambaleaba y Legolas, interpretado por Orlando Bloom, le ayuda cogiéndole de la barba en un acto natural e impulsivo, y el actor lanzó la popular exclamación. El motivo era muy sencillo, a la barba le dedicaban mucho tiempo y si se la arrancaba les tocaría quedarse varias horas más de rodaje.
Dudas, y no pocas, sobre ser Gimli
No tuvo problemas en confesar que tuvo serias dudas sobre aceptar el papel. Fue su representante quien le dijo que, si no cogía el papel, dejaba de representarle. A esto se sumó una charla con su hijo: «Papá, si no lo haces vas a cometer un error muy grande. En cualquier casa del mundo anglófono hay una estantería con libros de Tolkien». Justo ese hijo acompañó al actor a la San Diego Comic-Con Málaga y tuvimos la oportunidad de charlar con él, igual de cercano y encantador que su padre.
Sobre Peter Jackson dijo que estaba convencido de que «un hombrecito de Nueva Zelanda que corre por la montaña nevada en pantalones cortos» con poca experiencia, con matices, pudiera sacar adelante una superproducción con veintiún personajes principales y doscientos jinetes con sus caballos, a los que había que alojar y dar de comer. La logística de todo ello era, por decirlo suavemente, complicada.
Habló de ello de forma abierta y dijo que fue muy buena, aunque no por ello exenta de problemas. Por ejemplo, cuando rodaron en el Sur de Nueva Zelanda la zona en la que estaban tenía poca población y menos turismo, con lo que costaba encontrar hoteles para todo el equipo. No solo eso, un día el agua bajó de las colinas, se llevó por delante once casas y la carretera de Queenstown, y para llegar a la oficina de producción había que dar un rodeo de unos treinta kilómetros por una carretera de un solo carril.
Además, el lago donde iban a rodar quedó sumergido junto con buena parte del terreno, en situaciones así es cuando se pone a prueba una gran película. La oficina se puso a trabajar a lo loco, al día siguiente trasladaron a todo el equipo a otra localización en la isla Norte, al otro ya estaban rodando una parte distinta de la película. Lo remató al decir que «Los novatos hablan de tácticas y estrategia; los generales hablan de logística». Y es que si no la controlas, los costes se disparan, los productores te sacan del proyecto y se acaba.
Equipos de primer nivel
La producción de El señor de los anillos no fue sencilla, empezando por el hecho de que había una opinión generalizada de que era una obra imposible de trasladar a la gran pantalla, y aun así Peter Jackson y su equipo lo consiguieron. Tenían tanto miedo de que en Hollywood les robaran la idea que el guion que John Rhys-Davies recibió se titulaba Una historia del movimiento Scout en Nueva Zelanda, 1899-1957, algo que nadie se iba a leer si terminaba en las manos equivocadas.
A pesar de sus reticencias iniciales, cuando llegó a Nueva Zelanda se encontró con equipos de primer nivel, a la altura de París, Madrid, Hollywood o Nueva York, y con un director que tenía respuesta para cualquier pregunta. Pasó de pensar «Esto va a ser un fracaso y no quiero pasarme tres años cubierto de maquillaje» a quedar encantado. Él sabía que podía haber puesto su vida personal como excusa para dejar el rodaje, pero no lo hizo. Un filme así solo sale adelante si todos reman en la misma dirección.
Elogios a sus compañeros
Sus mayores palabras de elogio fueron para sus compañeros, dijo que nunca había trabajado con actores tan maravillosos y que todos encajaron perfectamente. Recordó cómo en alguna convención le preguntaron si había salido de fiesta con Orlando Bloom y respondió que habría sido raro, porque Bloom tenía unos veinte años y él cincuenta y cuatro. Y dio un aviso: no tiene el teléfono de Orlando Bloom, pero si lo tuviera lo daría, porque es malvado y le encanta gastar bromas.
Lo complicado de Bárbol
Aunque Gimli lo eclipsa todo no fue su único personaje en la saga, también dio vida a Bárbol. La propuesta se la hizo el propio Peter Jackson y él pensó «Guau, más pasta». Luego se dio cuenta del problema que tenía entre manos, ¿qué voz tiene un árbol que no tiene pulmones? Además es un ser muy anciano y de los más lentos de la Tierra Media, si lo haces como en el libro la gente se iba a quedar dormida en el cine.
Lo probaron todo, voces muy graves incluidas, y nada funcionaba. Al final se decantaron por algo suave pero no dulce: alguien que está a gusto con los pajaritos y los ratoncitos, pero que de repente tiene que decir «Venid, amigos, vamos a la guerra». Confesó que de todos sus papeles el de Bárbol es el que a veces todavía le despierta por las noches.
Con este gigantesco árbol es con el que se dio la mejor anécdota de toda la charla. Él acudió a un programa de radio de Nueva York, donde se llamó a unos especialistas en dicción, para hablar sobre este personaje y su interpretación. Todos estuvieron de acuerdo en que solo un actor en el mundo podía hacerlo, John Rhys-Davies se llenó de orgullo, antes de que dijeran el nombre de James Earl Jones (icónica voz de Darth Vader). Según comentó, más tarde se lo contó al propio James Earl Jones, quien estaba totalmente de acuerdo.
La anécdota de Indiana Jones
Lo que quedó cojo fue su participación en la saga de Indiana Jones y su personaje de Sallah, dado que se fue tanto por las ramas que no llegó a contar nada de estos filmes, con matices. No dudó en bromear con que era uno de los responsables en «infectar las mentes jóvenes» con la idea de que pueden ser arqueólogos. De hecho, llegó a disculparse, «Lo siento, pero por mi culpa y la de un señor llamado Harrison Ford, nunca seréis ricos siendo arqueólogos».
El poder de la imaginación
Entre las distintas reflexiones que lanzó John Rhys-Davies en su charla en la San Diego Comic-Con Málaga de 2026 destaca una sobre la imaginación. Habló sobre que todos tenemos una conversación continua en la cabeza, una vocecita que te dice «No hagas eso, esa no es la respuesta»; en cambio, de niños, jugábamos a ser Batman, Robin, Superman o Bilbo Bolsón y esa parte de la mente que nos dice que podemos ser otra persona es la que empuja al actor. «Me han disparado, me han clavado flechas y lanzas. Me ha tragado una anaconda y me ha atacado un tigre de dientes de sable», y todo eso es una extensión de lo que pasa en nuestra mente.
El guion lo es todo
Lo que también brindó fue una idea muy clara para aquellos que quieran ser directores y guionistas, la misma que en su momento el actor Paul McGann (8º Doctor Who) compartió con docpastor.com, y es que primero hay que tener una buena historia. Después llega todo un proceso para pasarla a palabras y escribir cada personaje de forma que el actor que lea el guion diga «¡Dios mío, con esto gano un Oscar!». Si tienes suerte reúnes a unos actores magníficos y, a veces, sale algo con tanta magia que la imaginación de todos se implica, como pasó con El señor de los anillos.
La importancia del actor de reparto
El último tema que trató en su ponencia fue el del papel del actor de reparto, cómo su energía en una escena es la que lleva al protagonista a la siguiente, y así consigue que el actor principal brille. Puso el ejemplo de Richard Chamberlain, conocido por sus trabajos en El coloso en llamas o El pájaro espino, con quien compartió pantalla en Shogun, aunque matizó que él no lo necesitaba porque era buenísimo. Eran amigos y, por desgracia, falleció en 2025, «Todo el mundo se está muriendo, pero yo no. Todavía no.»
El señor de los anillos y el sueño de Tolkien
Terminamos este recorrido por el encuentro con John Rhys-Davies en la San Diego Comic-Con Málaga con una de las anécdotas que compartió sobre El señor de los anillos. Comentó que Tolkien no le gusta nada, él es un hombre de ciencia ficción y la fantasía no le llama, pero intentó leerlo con su hijo pequeño y el resultado no fue el esperado: los dos se quedaron dormidos.
Artículo de Marc Martí y Doc Pastor.
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Arquitecto de formación y productor por pasión. Cofundador de las productoras One Vision (antes Vision Fes) y Vespre, es uno de los nombres tras los aclamados cortometrajes «The Stranded» y «Villa Offline», entre otros trabajos. Habitual de eventos y convenciones de Cultura Pop tanto a nivel nacional como internacional. ISNI 0000 0005 2890 990X



