Portada de Blazing Combat. Créditos: docpastor.com
Blazing Combat fue una serie de muy corta duración pero una que merece la pena recuperar. En tan solo unos pocos números lanzados entre 1965 y 1966 el guionista Archie Goodwin, junto a nombres como Frank Frazetta, Alex Toth o Gene Colan, entre otros, creó una serie de historias que pretendían retratar la guerra de una forma nunca vista: una forma real.
Aquí no hay superhéroes, no hay un joven rubio al que dar un suero del supersoldado, no hay luchas con enemigos de trajes de colores, no hay un motivo por el que los justicieros con poderes no puedan intervenir en la lucha armada. No hay nada de eso. Aquí hay soldados, hay balas, hay barro y sí, hay sangre.
Historia de una (casi) censura
Blazing Combat no fue censurada pero se sacó del mercado. El retrato que se hace de los conflictos bélicos no fue del agrado del gobierno de los Estados Unidos de América, metido de lleno en la Guerra de Vietnam (que duró dos décadas, desde 1955 a 1975), y por ello empezó una campaña para dejarla fuera de las tiendas. Algo que se logró pero no sin antes poder publicarse unos pocos números que hoy, para fortuna de todos, son recuperados por Norma Editorial en una edición compendio con todos ellos.
Una vez leídos es entendible que los dirigentes del país no quisieran que llegaran al público, que temieran que los posibles nuevos soldados cambiaran de idea, y más con la mentada Guerra de Vietnam que ni de lejos fue aplaudida por los ciudadanos. El cómo se muestran las batallas armadas, en varios momentos de la historia, con todo lujo de detalles, con personajes muy humanos, con una pasmosa realidad hacía que fuera un producto incómodo para sus intereses.

La guerra a través de la historia
No es que el equipo creativo hiciera una apología en contra de un conflicto armado específico, más bien se lanzaron al cuello de todos ellos para mostrarlos de una forma veraz, cruda y sin artificios. No hay poesía, no hay belleza, no hay una leyenda forjada al fuego, no hay héroes y tampoco villanos, solo hay soldados, decisiones, muertes y cadáveres pudriéndose en la cuneta mientras las balas surcan la tierra de nadie.
Penetran en Vietnam, por supuesto que lo hacen y es que no podían no hacerlo dentro del contexto histórico y socio-político de su momento, pero también viajan por otros tantos momentos en que unos decidieron que los otros eran los enemigos. Así hay segmentos dedicados a la guerra de Secesión (su guerra civil, por desgracia son varios países los que han tenido una), o la primera Guerra Mundial, conocida en su momento como la Gran Guerra que iba a terminar con todas las guerras (no fue así) y también la segunda, con aparición del propio Adolf Hitler como elemento histórico de relevancia
La batalla de las Termópilas
El punto temporal más alejado del presente es cuando se narra la conocida batalla de las Termópilas, con ese enfrentamiento entre Jerjes I, apodado el Grande, que fue el cuarto Gran Rey y Rey de Reyes del imperio aqueménida, y el legendario Leónidas, rey de Esparta que luchó hombro a hombro con sus compañeros de armas. Una trama que en el cómic también ha sido vista bajo el arte de Frank Miller en la novela gráfica 300, que se inspiró en el filme El león de Esparta de 1962 y a su vez fue base para la película 300 dirigida por Zack Snyder.
En sobrio blanco y negro
Todos estos relatos están realizados en blanco y negro, algo habitual para este tipo de contenidos en la época y para publicaciones como la que nos ocupa. No es tanto una cuestión de elección artística y sí más económica, pero esto hace que lo narrado sea todavía más sobrio, más sórdido, más real… Uno casi puede oler la pólvora, sentir la humedad, notar el aliento sucio y cansado de los protagonistas.
Unos protagonistas que ante todo son humanos. Son soldados, deben seguir las órdenes y defenderse del enemigo, o ser el atacante, pero más allá de uniformes, de rifles, de espoletas y carros blindados no son más que personas intentando seguir con vida, gente que lucha por no perder la cordura, hombres que han dejado atrás a familias, que han visto caer amigos en el barro, que saben que un día más no quiere decir que mañana no les encuentre la muerte.
La muerta, la única constante
Esa es la única constante de todos los relatos de Blazing Combat, una muerte que ronda esperando que llegue su momento. Agazapada sin que nadie la vea, afilando su guadaña para llevarse vidas cuando deba hacerlo, pero una decisión que no toma ella, una decisión que tan solo corresponde a los implicados en el conflicto. El horror de la guerra en estado puro.
Al abrir y cerrar el tomo lo primero y último que ve el lector es una bandera de los Estados Unidos de América pero una que está rota, en ambos casos falta una parte de la misma, una forma de retratar como un conflicto armado, sea el teórico enemigo interno o externo, lo rasga todo, rompe todo lo que se encuentra y deja secuelas que duran toda una vida.
Blazing Combat es una lectura dura y potente
Blazing Combat no es una lectura sencilla, no tiene poética, no tiene belleza, solo tiene guerra, guerra en estado puro, una muestra de cómo es, cómo se sufre, cómo termina… En Terminator 2: El juicio final el temible robot del futuro dice a un joven John Connor una sentencia tan dura como profunda: “Está en vuestra naturaleza destruiros mutuamente”. Por eso, precisamente por eso es una lectura imprescindible. Vivimos tiempos turbulentos, una época en la que, por desgracia, todavía hay guerras.
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Escritor y periodista de amplia trayectoria (AQUÍ, Cinemascomics, Infonegocios…), especializado en cultura pop aunque también ha escrito de temáticas muy distintas como política y el mundo de los negocios. Creador del personaje infantil Frost, perrito de aventuras descrito por RTVE como «Un nuevo héroe para los niños». ISNI 0000 0004 4335 5012



