Cartel de Ruega por nosotras. Créditos: Revolutionary.
La historia de nuestro país, al igual que casi todos, está plagada de momentos oscuros y execrables que deberían hacernos bajar la cabeza de la vergüenza. En ocasiones, dichas maldades ocurrían en un lugar concreto. Ruega por nosotras es una película que nos lleva a presenciar lo sucedido en uno de esos lugares terroríficos a los que nos referimos.
El Patronato de Protección a la Mujer
A decir verdad, ninguna de estas palabras describe con fidelidad lo que sucedía en esta red de centros «de justicia», amparados por congregaciones religiosas. Durante más de cuarenta años, estos lugares actuaban como prisiones y talleres de explotación laboral para todas aquellas mujeres que se alejaban del ideal de mujer que proponía el régimen dictatorial de Francisco Franco.
Son muchos los documentos y producciones que han tratado este tema con la mayor realidad posible, destacando personalmente la segunda temporada del podcast De eso no se habla, que ofrece el testimonio de Consuelo García del Cid Guerra, la autora del libro en el que se ha basado este trabajo. Y, aún con todo, es un tema que no había llegado aún hasta el terreno de la ficción audiovisual.
Daniel Monzón, un director experto en prisiones
Este realizador mallorquín supera ya el cuarto de siglo tras la cámara y lo hace con tres premios Goya en su posesión. La película de fantasía El corazón del guerrero fue su debut cinematográfico, pero con el paso del tiempo ha evolucionado hasta un cine que tiene como protagonistas a personas que coquetean con la delincuencia e incluso presidiarios.
Aunque en esta nueva cinta parezca alejarse de ese cine lleno de peligro y delincuencia, no se aparta de recintos carcelarios (aunque no reciban el nombre de forma oficial). No sorprende que el director encargado de la célebre Celda 211 se encargue de representar este ambiente tan hostil.
Una figura clave para el guion español
Además de Monzón, la adaptación y creación de este guion cae en las manos de otra persona que cuenta con un bagaje espectacular en este terreno: Jorge Guerricaechevarría. El asturiano está galardonado con dos premios Goya gracias a su trabajo, también junto a Daniel Monzón, en las películas Celda 211 y Las leyes de la frontera. Además, es muy reconocido su trabajo junto a otro gran director español, Álex de la Iglesia, participando en casi todos sus trabajos desde el principio.
Un elenco que podría haber vivido esta historia
Las dos actrices protagonistas de esta cinta cuentan con una edad semejante a aquellas muchachas que sufrieron en sus carnes las injusticias que se narran en la historia. Zoe Bonafonte es la que, dentro de su juventud, cuenta con una carrera más larga, destacando trabajos como El 47 o El secreto del orfebre, mientras que su compañera Manuela Calle ha participado de manera destacada en la serie Marbella.
Ambas protagonistas reflejan bien la devastación que van sufriendo a cargo de las religiosas. Al hablar de edades tan jóvenes, muchas de las acciones quedan magnificadas, pero palidecen ante las injusticias a las que se ven sometidas. Quizá su aspecto juvenil no permita apreciar el paso del tiempo en las protagonistas, pero su mirada se endurece y va perdiendo el brillo a medida que el tiempo con las religiosas aumenta sin cesar.
El rostro del mal
Es obligatorio dedicar un momento para hablar del trabajo de Adelfa Calvo (El autor, con el que logró un premio Goya a mejor intérprete de reparto, Los renglones torcidos de Dios) como la hermana Socorro, la imagen de la mano de hierro que rige este oscuro lugar. Es admirable como la intérprete encarna a un ser tan maligno que se sabe amparada porque sus acciones son en aras de «educar» en lo que es correcto. No sería de extrañar que este trabajo le acerque a un segundo premio Goya.

Ruega por nosotras, no todas las cárceles tienen muros
Esta película representa el hecho de que hay prisiones que tienen las puertas abiertas, pero nuestra propia mente es que la encargada de tapiar todas las salidas. Las protagonistas sufren una serie de torturas y vejaciones que las sumen en un estado de pasividad absoluto y las hacen dóciles sin medida, justo lo que pretendía el régimen dictatorial de la época.
La cinta cuenta con una sensación de opresión desde sus primeros minutos, ya que no solo pone el foco en como las encargadas de estos centros minaban la moral de estas muchachas, sino que el papel de la mujer estaba reducido a poco menos que nada. Hay muchos comentarios y reproches que no suenan tan antiguos, algo que actúa como alarma de cara a nuestro presente.
La esperanza y el amor son armas poderosas
A pesar de todos los castigos que sufren las protagonistas, no dan su brazo a torcer en busca de la felicidad, que tiene cabida (y con más razón) en los lugares más oscuros. Esta felicidad viene a través de pequeñas victorias y pequeños sorbos de libertad que hacen más llevadero su horrible día a día.
No son pocas las veces que las protagonistas intentan huir del sufrimiento (de manera física y mental), pero tan importante como la huida es la fortaleza de los lazos que crean entre ellas, de la construcción de una red en la que apoyarse sin importar lo que suceda o lo terrible del castigo. Es la fuerza de la esperanza ante la oscuridad de la prisión.
Esta película demuestra el buen año que está viviendo nuestro cine y la calidad de sus trabajos. Una cinta entretenida que narra una dura realidad que conviene no olvidar para no repetirla en el futuro, ya que esto es una ficción sobre hechos que sucedieron de verdad.
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Actor y director teatral con veinte años de experiencia a bordo de la compañía Teatro Baypass, que él mismo fundó. Miembro de la organización de la Feria del Libro de Parla y técnico de cabecera en Estelar Media. Lee libros y cómics con la misma pasión que disfruta de un concierto o de una buena sesión de cine. ISNI 0000 0005 1808 8693



