Poster de la T2 de Monarch: El legado de los monstruos. Créditos: Apple TV +
El capítulo quinto de Monarch: El legado de los monstruos tiene por título «Furusato». Esta es una melodía infantil japonesa que tiene más de un siglo de antigüedad, en la que quien la canta está lejos de su tierra natal y recuerda aquello que añora como los ríos y los montes. En cierta forma puede verse que Take Me Home, Country Roads de Bill Danoff, Taffy Nivert y John Denver, se inspira en esta idea, en el pasado que se deja atrás pero que a veces se añora.
No es una nomenclatura escogida al azar, la canción, compuesta por Teiichi Okano y Tatsuyuki Takano, es un punto central de este episodio. Una forma de unir a varios personajes a lo largo del tiempo, de establecer una relación familiar muy estrecha entre todo el clan Randa y además servir de gancho emotivo para el espectador.
La familia Randa en el pasado y el presente
La línea temporal de Monarch: El legado de los monstruos a veces resulta compleja de seguir por los saltos que se hacen en la misma. Una gran parte de la acción sucede al poco tiempo, de forma relativa, del G-Day pero en otros momentos se salta hacia atrás para dar más espacio a la historia, a los personajes y sus diatribas.
No son pocos los episodios en los que el espectador ha seguido a Bill y Keiko Randa, junto a Lee Shaw, en los orígenes de la organización Monarch y es que su familia, más que nadie más, es la auténtica protagonista de esta serie. Por eso no extrañará a nadie que este capítulo dé comienzo con un Hiroshi Randa que habla con su hija por teléfono y canten juntos Furusato, una melodía que él aprendió de su Keiko. Una tierna escena padre-hija que se torna en algo distinto al descubrirse que él está en el hospital pues su otro hijo, de su otra familia, acaba de nacer.
Esta es una parte de su pasado que no puede borrar y que, a su pesar, le vincula por completo con su recién rescatada madre, con Keiko Randa. En el presente tienen una complicada charla en la que él le dice que su padrastro, Bill Randa, encontró la carta en la que le declaraba su amor a Lee Shaw y que por eso le abandonó. Algo que ella niega puesto que sabe que su fallecido marido le adoraba y solo quería ser un buen padre para él.
Lee Shaw, siempre acertado
Esta compleja situación familiar sigue adelante cuando su tío Lee, el amigable y siempre encantador Lee Shaw, le dice que no puede vivir en el pasado y que debe ocuparse de forjarse un futuro. No solo por él, también por sus hijos y por la propia Keiko; saca a la palestra que él más que nadie debería entender que ella amara a dos hombres. Su dolor puede ser comprensible, pero fingir que no está en el mismo barco resultaría algo por completo hipócrita.
Lee le dice a Hiroshi que puede vivir en el pasado, que debe ocuparse de forjar su futuro. Por él y sus hijos, que vuelve a tener a su madre (a la que, se ve, Lee considera increíble); desde todo punto de vista tiene una segunda oportunidad que muy pocas personas tienen. Aprovecharla o no es algo que solo él puede decidir.
¿Una familia de repuesto?
Los que puede que no lleguen a tener una visión tan clara de todo ello son, precisamente, sus hijos. ¿Por qué dos familias? ¿Qué le empujó a ello? Se alegran de haberse encontrado pero también son un recordatorio constante de todo lo que no tuvieron. Kentaro, hijo de Hiroshi y nieto de Keiko, llega a ponderar que quizá fue por el abandono, por el miedo y la necesidad de no sentirse solo. Por su parte Cate comenta si entonces una de las dos era una familia de repuesto. Un planteamiento terrible, incierto pero no por ello menos terrible.
Cometen, sin saberlo, el mismo error que su padre con su abuela: No hablan con él. Están sacando sus conclusiones, ponen sus ideas sobre la mesa y buscan entender qué sucedió y el porqué lo ocultó todo. Pero la persona a la que deberían preguntárselo es la misma a la que no se atreven. Y en un mundo poblado por Titanes puede que cuando se tome la decisión ya sea demasiado tarde.
Monarch y Apex, una relación compleja
La otra parte de Monarch: El legado de los monstruos es la organización que da nombre a la serie, ahora comandada por un Tim que parece más cómodo con su nuevo cargo y que incluso llega a enfrentarse a su superior. Le dice que no se fía de Apex y descubre que él tampoco, ese es el motivo para querer tenerlos a bordo de la operación, poder vigilar sus acciones. Ese y que, muy importante, tienen amigos en las altas esferas.
Solo esto explica lo atrevido y osado de sus acciones, incluyendo el pretender controlar al Titan X a través del código ideado por May Olowe-Hewitt. El hombre contra la naturaleza, una lucha que no es precisamente nueva y que no suele salir bien. La naturaleza, de forma indefectible, siempre se abre paso y como ejemplo solo hay que ver hojas, plantas y flores atravesando las calzadas y las carreteras en las ciudades.
¿Se puede controlar a un dios?
En un intento de ver lo acertado de sus ideas, a pesar de que la programadora ha dejado claro que es demasiado pronto y los peligros de ello, se trasladan a Santa Soledad, donde estaba el pueblo de adoradores de Co’cai, del Gran Dios del Mar. ¿Pero acaso puede un ser humano enfrentarse a una divinidad? ¿Está Apex lista para robar el fuego de los dioses?
Decir que no y que todo saldrá mal es algo más que esperable, quedan varios episodios y la trama debe continuar, lo que es más extraño es que Cate va al encuentro del llamado Titan X. Ante ella luce imponente, precioso, con su propia bioluminiscencia de encantadores tonos azules, parece casi hipnotizada por su llamado como si el gigantesco ser fuera una sirena. Quizá estén conectados de alguna forma todavía no explicada, como si ella fuera el eslabón perdido entre titanes y humanos, ¿quizá sea la clave para coexistir unos con otros?
De gemelas y vestales
La mitología tiene muchos personajes que sirven de vehículo para los dioses, que son quienes se comunican con ellos. Se puede hablar de las vestales e incluso de Moisés, en el mundo kaiju quizá sean más conocidas las Shobijin quienes acompañan a Mothra y hablan en su nombre desde la primera película del personaje de 1961. En las versiones fílmicas son siempre dos mientras que en la novela original, The Luminous Fairies and Mothra, del mismo año, son cuatro.
Monarch: El legado de los monstruos y su interés en los humanos
Este es uno de esos episodios de Monarch: El legado de los monstruos donde la acción cae en picado, está ahí debido al universo en que se desarrolla la trama, para centrarse en los personajes humanos, en sus vidas, en sus sentimientos y su forma de enfrentar lo que el destino depara para ellos. Esta elección artística, establecida desde el primer capítulo de la primera temporada, es la que hace que la cabecera tenga calidad y un buen desarrollo pero, por desgracia, también es lo que provoca que parte del público se bajara del barco.
Hay un error muy común cuando se trata de ficciones sobre seres gigantes, sobre monstruos, kaijus y otros similares, y es asumir que todo debe girar a su alrededor. Esto no suele ser posible debido a que son criaturas poderosas con una inteligencia limitada (más o menos, depende de cada narración) pero que se dejan llevar por sus instintos, que no pueden tener un desarrollo en profundidad y por ello, incluso en una película de dos horas, deben estar sostenidas por los humanos que los rodean. No digamos si se trata de una serie de varios episodios con una media de unos 40-50 minutos de duración cada uno.
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Escritor y periodista de amplia trayectoria (AQUÍ, Cinemascomics, Infonegocios…), especializado en cultura pop aunque también ha escrito de temáticas muy distintas como política y el mundo de los negocios. Creador del personaje infantil Frost, perrito de aventuras descrito por RTVE como «Un nuevo héroe para los niños». ISNI 0000 0004 4335 5012


