Chuck Norris en la saga Los mercenarios. Créditos: Lionsgate
Chuck Norris es un actor más grande que la vida del que hoy hemos tenido que despedirnos. Un actor que, con su gran producción audiovisual, tocó muchas vidas e incluso, aun estando en medio de su trayectoria y sin pretenderlo, llegó a trascender su propia humanidad para convertirse en leyenda.
Chuck Norris ha fallecido
Hoy he sabido que Chuck Norris, el inolvidable ranger de Texas, había partido para seguir persiguiendo el crimen en otras tierras más lejanas y hoy he llorado. Aunque reducirlo a “he llorado” sería demasiado simplista. En cuanto he sabido la noticia he sentido el mundo detenerse. El silencio ha invadido la habitación y se ha vuelto más grave, denso y ensordecedor.
Me he sentado aturdida, intentando asimilar la noticia y en mi cabeza ha resonado la misma frase: Chuck Norris ha fallecido. En mitad de mi pecho se ha ido abriendo paso un vacío, un peso que ha ido tomando forma hasta convertirse en desazón. “Estoy triste”, he atinado a pronunciar, pero a medida que los segundos pasaban y con la noticia asentándose sobre mi cabeza, me he dado cuenta de que había más. Con la noticia, el mundo se ha detenido, ha enmudecido y yo he empezado a llorar.
Chuck Norris es uno de esos personajes que, no sabes el porqué, pero te enternecen el corazón. Y digo personajes porque la mayoría de los que lo conocimos no tuvimos la fortuna de llegar a conocerle más allá de su obra, entrevistas o lo que quiso mostrar a través de sus redes sociales. Sin embargo, despertaba una honestidad, una buena onda que te hacía soñar en conocerle. Y su fama aumentó exponencialmente cuando se popularizaron sus chistes en los que quedaba claro que no había nadie más duro que él.
El héroe de Walker, Texas Ranger
Los personajes a los que dio vida solían ser héroes, con los que te podías identificar, y gracias a sus artes marciales repartía la misma estopa a los criminales que te imaginabas propinar tú, acabando con la sensación de haber hecho un buen trabajo y, sobre todo, con la satisfacción de haber salvado el día. Pero, sin duda, hay un personaje que se clavó en el imaginario colectivo.
Un punto fijo en el tiempo que, al menos aquellos que conocimos la televisión preplataformas, vivimos, bien en su emisión de 1993 a 2001, bien en alguna de sus reposiciones: el ranger Cordell Walker, de Walker, Texas Ranger, que llegó a aparecer en otras producciones, como Martial Law o Sons of Thunder.
Para mí Walker, Texas Ranger fue, en cierto modo, una tabla de salvación. Fue en mi época de infancia y adolescencia en la que los veranos significaban ir a un pueblo de poco más de mil habitantes donde el tiempo se desdoblaba sobre sí mismo, las amistades de un año me habían perdido en el olvido en cuanto llegaba el siguiente y el aburrimiento y el tedio reinaban en cada rincón de la casa. El calor se agolpaba en el exterior con la amenaza de entrar por cualquier resquicio que lograra encontrar, pero sabías que en la tele estaba él.
Guapo, en forma y dispuesto a imponer la ley y la justicia sin que le temblara el pulso a aquellos que consideraban que podían saltársela a su voluntad. Toda una ráfaga de aire fresco. Entonces el tiempo jugaba conmigo, pasando frenéticamente rápido durante la serie, inmensamente lento durante los anuncios, para volver a la trepidante acción. Y lo molaba todo.
Un golpe de realidad
Quizá la marcha de Chuck Norris no signifique solo eso para mí. Quizá sea otra muestra de cómo pasa el tiempo, muy diferente de aquellos eternos veranos en el pueblo, y de cómo ha cambiado todo desde entonces. Quizá esta noticia haya sido una demostración más de lo lejos que va quedando mi infancia y adolescencia, que aporta perspectiva, pero también duele. Duele despedirse de algo o de alguien a quien has tenido cariño, sabiendo que no habrá más que tus recuerdos, aunque nunca lo hayas conocido personalmente o solo haya sido en tu imaginación, porque tus sentimientos siempre fueron muy reales.
Sin embargo, estas sacudidas tienen una contraparte y, además, de demostrarte la finitud del ser y recordarte que tarde o temprano todo acaba, no sea que se te olvide, te llevan a tener más presente tu presente, a estar más presente, a valorar lo que tienes ahora antes de que cambie de tiempo verbal y se convierta en pretérito. Quizá ese sea su presente.
Debo reconocer que este artículo no estaba previsto que fuera a ser así. Mi intención era repasar la carrera de este actor tan querido y, desde luego, no iba a ser nada filosófico. Pero tras empezar a escribirlo las ideas se han ido agolpando y así es como ha ido fluyendo. Quizá, de algún modo inconsciente, he querido hacerle un homenaje. Él me acompañó en mi etapa de crecimiento y me amenizó incontables días de muchos años, aportándome alegría y ayudándome a sobrellevar el hastío de mis inevitables estancias en el pueblo. Chuck Norris me hizo un regalo y, de alguna manera, he querido corresponderle con este artículo.
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Un último regalo de Chuck Norris
Aunque quizá le quede todavía un último regalo que hacernos. Con suerte, le podremos ver en una última obra, inédita, en postproducción, Zombie Plane, protagonizada por Vanilla Ice, aunque hoy por hoy no haya una fecha confirmada. Si se acaba estrenando, que espero que así sea, desconozco dónde se emitirá, pero estoy segura de que el gran público la verá. Yo incluida. Mientras tanto, tendremos sus casi cincuenta obras que componen su filmografía para recordarle.
Gracias por los buenos momentos, gracias por todo, gracias por tanto. Hasta que nos veamos y buen viaje.
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Traductora, correctora e intérprete especializada en el mundo editorial (Stella Maris, Dolmen, Unrated, LetraBlanka…). Ha sido intérprete de francés e inglés en varios encuentros profesionales internacionales. Su rumbo profesional ha estado ligado a la administración en empresas como el Grup Peralada y el Grupo editorial Edelvives. ISNI 0000 0005 1808 8626



