Poster de la T2 de Monarch: El legado de los monstruos. Créditos: Apple TV +
El episodio anterior de la segunda temporada de Monarch: El legado de los monstruos, el quinto, terminó con el muy triste fallecimiento de Hiroshi Randa y este, el sexto, de forma inevitable, sirve de recordatorio del personaje. No solo de quién fue, también de algunos puntos y aspectos que el espectador no conocía, por ejemplo un momento padre-hijo con Kentaro en la Isla Calavera.
Antes de que sigas leyendo hay que dar un aviso: se van a tratar temas, personajes y tramas de este capítulo titulado Requiem. No avances si no quieres saber más. O, dicho de otro modo, ¡alerta de spoilers!
Hiroshi y Kentaro
El joven Kentaro se ha colado en el terreno vedado de la Isla Calavera y está dibujando a su más famoso residente, Kong. Se miran, él sonríe y el gigante gruñe pero sin ferocidad, no es más que un aviso. Así Kentaro se va y una vez cruzada la alambrada electrificada se encuentra al otro lado de la misma con su padre, charlan, este se queda su dibujo del que parece impresionado (el mismo sale en los títulos de crédito) y comparten una cerveza.
Más allá de lo tierna y conmovedora que es la escena también se profundiza en la idea del Axis Mundi y en que el propio Hiroshi sabe de ella y de la forma en que funciona allí el tiempo; esto es debido a que encontró una grieta y entró a ese reino. Por eso en los meses de búsqueda de Cate nunca perdió la esperanza, sabía que el tiempo allí transcurre de una forma diferente.
El recuerdo de Hiroshi Randa
Como viene sucediendo en toda esta segunda temporada, aunque empezó a rodar la trama en esa dirección en la primera, este es un episodio de Monarch: El legado de los monstruos que se adentra más en la familia Randa que en los titanes. El enfrentamiento con ellos llegará, es inevitable, pero lo relevante es el cómo lo afrontan, sus lazos y, en este caso, cómo se despiden de uno de los suyos.
El funeral es sobrio, apenas con asistentes. En primera fila están Keiko, Cate y Kentaro, algo más atrás por tremendo respeto se encuentra Lee a pesar de que es tan miembro de la familia como ellos. Todos están derrotados y no es para menos. Keiko entierra a un hijo, Cate y Kentaro a un padre y Lee a un sobrino. Puede que este sea un mundo de titanes, que las muertes en ocasiones se cuenten por millares, pero el dolor es de cada uno y de poco consuelo sirve el saber que otros lo padecen.
Un reencuentro
Pero, como debe ser en toda serie, las sorpresas y los giros no dejan de llegar y es en el entierro de Hiroshi cuando aparece un anciano que no es otro que el Doctor Suzuki. Un genio, el creador del llamado Titan Phone, al que se vio en la primera temporada y que está sorprendido de lo joven que está Keiko a pesar de que Lee le ha puesto al día de su imposible aventura. Él comparte alguna anécdota de Hiroshi, con el que se descubre que tenía una gran relación (lo que sirve para rellenar algunos huecos), y reconoce a Cate dado que él le habló mucho de ella.
Sirve este hecho, y los momentos anteriores, para reforzar la idea del tremendo amor que sentía por sus hijos y de cómo los Randa no son una familia al uso pero sí una que se quiere, se apoya y supera adversidades. Estas pueden ser enormes titanes en el pasado con Lee, Keiko y Bill o secretos en el presente con Hiroshi y sus hijos, lo que importa es que ellos saben que son familia y que son un lugar seguro los unos para otros. Lo que no quiere decir, nada más lejos de la realidad, que sea siempre fácil. Más bien todo lo contrario.
Lee Shaw, una vida familiar compleja
De complejidades familiares sabe mucho Lee Shaw y no solo por su relación con todo el clan Randa, también por sí mismo y su padre. Monarch: El legado de los monstruos da un salto al pasado para mostrar a los Randa llegando a sus nuevos despachos en Monarch y Lee listo para brindar con champagne ellos pero no sin antes decirles que ha sido reasignado, a petición suya. Algo que piensa que será mejor para todos, una forma de evitar que su romance con Keiko se repita puesto que no desea hacer daño a las dos personas que más quiere en el mundo.
No es así la relación con su padre al que no ve desde hace un lustro, aunque su progenitor no parece saber cuántos años han sido y tampoco finge importarle. Beben juntos, lo que introduce el tema del alcoholismo de Lee que se trata en este capítulo aunque por el momento tan solo por encima, y se descubre que sin consultarle le ha reasignado nuevamente y que tiene poco o ningún interés en dejar que su hijo viva su vida. Dos familias y dos visiones, la de los Randa y la de los Shaw. Lee tiene muy claro a cuál pertenece y luchará por ello.
Es más, cuando brindan en el despacho nuevo de Keiko no duda en decir que cuando los conoció, seis años antes, estaba convencido de que con su inexperiencia e inconsciencia iban a lograr matarse a sí mismos, que de hecho casi logran matarle a él pero que ahora, y tras haber vivido con ellos tantas aventuras, no tiene duda de que terminarán salvando a todos. Si algo queda claro, y ha sido así varias veces en la serie, es que Lee tiene una inquebrantable fe en ellos dos, igual que años más tarde la tendrá en Hiroshi y hoy en Cate y Kentaro.
La verdad sobre el Titán-X
¿Pero y los titanes? ¿Dónde están? No dejan de ser parte de la trama pero esta debe avanzar, profundizar y dejar que todo siga su curso o se corre el riesgo de estar ante otra pelea sin más entre dos gigantes. Y sí, estas pueden ser muy divertidas y encantar al público, pero en Monarch: El legado de los monstruos se busca cuidar a los personajes y dotarles de un fondo, incluso al Gran Dios del Mar.
Keiko descubre que Cate produce ondas en el agua como el llamado Titán-X, y con el permiso de su nieta, y una tecnología de los años 50 puesto que no tiene conocimiento para usar la actual, la sumergen. Lo que logran es grabar una cinta con sonidos del ser, con algo que parecen lamentos. Cate dice que es miedo, que siente pánico, “Creo que está perdido”, le comunica a su abuela.
Esto en cierta forma vincula a este Titán con Kong debido a la tristeza que embarga a este gigantesco gorila que es, según se informa en el Monsterverse, el último de su familia. La pena y la tragedia no son algo exclusivo de los humanos, nada de eso, y el Gran Dios del Mar quizá lo único que busca es volver a casa, estar con los suyos. Quiere, como queremos todos, encontrar su hogar. Veremos cómo se desarrolla esta parte de la trama pero bien llevada puede ser más que interesante y lo mejor de la serie.
Monarch: El legado de los monstruos, sin prisa pero sin pausa
Monarch: El legado de los monstruos sabe construir bien, a su ritmo, sin prisa pero sin pausa. Un ejemplo de ello es el giro final de este capítulo titulado Requiem del que no se darán detalles, solo se dirá que es algo por completo inesperado, dejará a más de uno boquiabierto (como a quien firma estas letras) y promete complicaciones más allá de lo que nadie podría haber pensado.
Estamos en el sexto episodio de un total de diez que conforman esta segunda temporada, así que a partir del siguiente, el séptimo, entramos de lleno en la recta final. Muchos secretos quedan por ser revelados, la trama tiene que crecer a la vez que cerrar. El mundo de los titanes no puede descansar, solo seguir en vigilia constante ante la siguiente amenaza.
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Escritor y periodista de amplia trayectoria (AQUÍ, Cinemascomics, Infonegocios…), especializado en cultura pop aunque también ha escrito de temáticas muy distintas como política y el mundo de los negocios. Creador del personaje infantil Frost, perrito de aventuras descrito por RTVE como «Un nuevo héroe para los niños». ISNI 0000 0004 4335 5012


