Tras muchas idas y venidas se anunció la llegada, por fin, de la creación estrella de Jan a los cines. Se hizo lanzando una foto de Dani Rovira caracterizado como Superlópez y logrando una buena polémica de regalo, que solo terminará (o aumentará) cuando la película se estrene.

No esta la primera vez que un personaje patrio da el salto a la gran pantalla, hay varios antecedentes como Zipi y Zape o Mortadelo y Filemón, pero no hablo de las películas que estáis pensado. Hablo de las primeras incursiones que hubo, intentos que (en fin) se tienen que recordar con cierto cariño.

En el caso de los gemelos creados por ese genio que fue Josep Escobar hay que remontarse hasta 1982, hasta la cinta que se llamó Las aventuras de Zipi y Zape. Un producto que reconozco haber devorado varias veces cuando era pequeño y que vista hoy me hace dudar si debo reírme o arrancarme los ojos.

Dirigida por Enrique Guevara (que tuvo trabajos como En busca del polvo perdido o El mundo sexual de la pareja) contó con el protagonismo de los hermanos Valtuille, en su primer y único papel ya que después han sido relegados al ostracismo. ¿Merecido? Seguramente, aunque el esperpento no fue culpa suya claro está.

Un filme sin gracia, lo que más define a este título es eso, con canciones para intentar emular el éxito de otras películas infantiles, un argumento soso a más no poder y un enloquecido final sin pies ni cabeza en el que llegan a aparecer “Hulk” (muy de moda en aquel entonces por la serie televisiva) y otros sosias de conocidos personajes catódicos.

Hay que nombrar también a Mortadelo y Filemón. Pero si bien no fue realmente hasta 2003 que los agentes de la T.I.A llegaron a la acción real en la gran pantalla, sí hubo otros productos que merece la pena recordar.

Por supuesto me refiero a los cortometrajes que los Estudios Vara hicieron basados en los personajes de Francisco Ibáñez. Un total de dos tandas de ocho episodios cada uno, en que se notó un aumento presupuestario del primero al segundo, y que bebe del formato que tenían en aquel entonces los investigadores que todavía ejercían por su cuenta como agencia de información y no habían protagonizado ninguna aventura larga (El Sulfato Atómico empezó a publicarse en 1969, mismo año que la primera de estas entregas animadas).

Pero el gran éxito de público fue sin duda El armario del tiempo, todo un clásico de nuestra animación que todavía es muy disfrutable a pesar de los años pasados desde su estreno en 1970. Aquí nos encontramos con una película en toda regla con un argumento general que une los distintos cortos que forman el producto final, lo que permite perfectamente verla en segmentos.

Es cierto que en su momento Ibáñez no se mostró satisfecho con este título, pero hoy en día es imposible verlo sin una cierta candidez implícita. Como recomendación está la parte de El conde Mácula, una clara parodia del conde transilvano y que personalmente es mi predilecta.

Hay que nombrar también Crimen Imperfecto, película de principios de los setenta que estuvo protagonizada por José Luis López Vázquez y Fernando Fernán Gómez (también dirige) que en cierta medida se ve una evidente inspiración en Mortadelo y Filemón, desde las viñetas de los títulos de crédito, disfraces y el hecho de ser detectives privados.

Por último para terminar este recorrido por el pasado están Makinavaja, el último choriso y su secuela, Semos peligrosos (uséase Makinavaja 2) que llevaban a la pantalla al mítico personaje de Ivá que nació en las páginas de El Jueves. Para la ocasión se eligió con muy buen tino a Andrés Pajares como protagonista y a Jesús Bonilla como su brazo derecho, el Popeye, rodeados de un buen grupo de secundarios y un guión que bebía directamente de las viñetas originales.

La fidelidad llegó a tal punto que se rodó en Barcelona, mismo lugar en el que transcurren las historietas, e incluso se reflejó la peculiar forma de hablar que tenían los personajes en el papel a pesar de que se suavizaron algunos gags que pasaron a ser menos violentos de lo que habían sido al publicarse (era inevitable).

Algunos momentos son dignos de elogio, como la escena en que Maki es liberado tras presenciar cómo se cargan a un pobre tipo por culpa de su ideología. Una escena en la Andrés Pajares se funde completamente con su personaje, mostrando matices que dejan claro que si bien es un delincuente no es el malo de la historia.

¿Y Superlópez?

Pues también tuvo lo suyo, solo que todo quedó en agua de borrajas. Desde principios de la década de los 2000 se estaban oyendo voces de una posible película, en algunos casos como el de Alex de la Iglesia parecían ir bastante en serio (al punto de confirmar a José Mota de protagonista), pero hasta el momento todo ha terminado siempre igual.

Hay una excepción y es el corto que Enrique Gato, creador de Tadeo Jones, realizó en 2003 en el que se nota un claro respeto por el personaje, a la vez que admiración por su creador. Para muchos, me incluyo, es una lástima que no se haya hecho una película de animación dejándola en manos de este realizador.

Ahora solo queda esperar y ver si creemos que un oficinista puede volar.

4 thoughts on “Viñetas al cine: antes de la llegada de Superlópez

  1. Muy de acuerdo con todo lo expuesto. La peli de Zipi y Zape siempre es una de esas pelis que es divertidísimo volver a ver solo por el cutrerío (y porque a cada visionado encuentras algo nuevo). Y la simpatiquísima El Armario del Tiempo merece más visibilidad.

    Me suena que también hubo una peli de Historias de la Puta Mili, pero nunca la llegué a ver.

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