Todo el que me conozca un poco, sabe de sobra que junto con mi vicio por los libros y los cómics, sin olvidarme del cine, tengo otro que me acompaña desde pequeño: las figuritas.

Así es. A lo largo de toda mi vida ha sido una afición que me ha encantado. Mis padres, amigos y abuelos me han regalado, otras tantas que me he ido comprando y a lo largo del tiempo el problema del espacio ha hecho que también vaya vendiendo algunas.

A veces este vicio se junta con otro, y eso conlleva que también tengo diversos libros sobre el tema. Como el que publicó hace tiempo ECC Comics sobre He-Man, o el de Barbie lanzado por Panini, entre otros muchos que en su mayoría provienen de fuera de España.

De hecho hace poco he empezado una nueva sección en mi canal de youtube titulada Mi colección, en la que iré enseñando piezas de mi tesoro privado. Y todo esto que os acabo de contar viene por una cosa, para recomendaros los documentales The toys that made us que de forma reciente ha lanzado Netflix.

Estas, y el resto de figuras, son de mi colección privada.

Por el momento son cuatro producciones que se adentran dentro de las tripas de los juguetes más populares durante décadas, empezando con (no podía ser de otra forma) por Star Wars. ¿Y qué me lleva a decir que era la única forma de comenzar esta andadura? El motivo es muy sencillo: si gracias a Star Trek nace el fandom según lo conocemos hoy en día (tema en el que profundizo en el libro Star Trek: el viaje de una generación) es gracias a Star Wars que el merchandising creció hasta los niveles que nos son familiares, siendo esta saga la culpable total de una de las mayores fiebres que han existido sobre las figuras de acción.

Término este, figuras de acción, que no existía hasta que en Hasbro se les propuso la idea de crear un muñeco para los niños. La propuesta inicial evolucionó hasta llegar la primera tanda de G.I.Joe, que se encontró teniendo que llenar un vacío que muchos ni pensaban que existiera, y para ello debían derribar algunas barreras. La primera la de dejar claro que no era una muñeca, y para ello hubo que llegar hasta ese nuevo vocablo.

En parte todo venía por la comparativa de que eran “Barbie para niños”. Esto daba dos problemas, el primero que la rubia de plástico era propiedad de Mattel y el otro que, como se ha comentado, se dijera que era una muñeca. Si bien estoy hoy en día es poco más que anecdótico, no hay que olvidar que hablamos de los años sesenta y todo es hijo de su tiempo. Incluso Barbie, que comenzó como un juguete para adultos llamado Bild Lilli (basado en un personaje de strips) y que tras un proceso de reinvención logró llegar al podio de las tiendas de juguetes.

También de Mattel era He-Man, con sus aliados Los masters del universo. Una de las colecciones más llamativas y exitosas de los últimos años, con una propuesta en la que se mezclaba la fantasía heroica con la ciencia ficción, que tuvo sus propios cómics, una exitosa serie de televisión e incluso una película que es a la vez divertida y olvidable. Unos juguetes que nacieron para dar la réplica al éxito de Star Wars en Kenner y que con el paso de los años se han convertido en todo un tesoro para muchos coleccionistas.

Todo esto, y mucho más, en solo los cuatro primeros capítulos de The toys that made us, dedicados respectivamente a Star Wars, GI.Joe, Barbie y He-Man, en un recorrido lleno de respeto, cierto humor y mucho cariño. Desvelando algunos datos que seguramente eran desconocidos y dejando al espectador con ganas de que lleguen rápidamente las nuevas entregas.

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