Era un día igual que cualquier otro.

Pablo había salido de casa para verse con su amigo Juan. Hacía sol, la gente estaba por la calle y anunciaban lluvia en unos días. Sí, era un día de verano igual que cualquier otro.

Mientras iba en su coche escuchaba música, sin nada más en mente que la última película que había visto y qué iba a cenar ese día. Entonces se dio cuenta que hacía rato que no se movía. Había una caravana de coches y todos parecían estar parados.

Abrió la ventanilla y miró, pero no parecía sacar nada en claro.

<<Voy a llamar a Juan, que parece que esto va para largo>>

Su teléfono no daba señal.

<<Debe estar en el metro>> dijo Pablo en voz alta, y entonces entró a Twitter a ver si se enteraba de algo.

Se enteró de demasiado. No se lo podía creer.

En las redes sociales se hablaba de un incidente, algo que acababa de pasar. Nadie parecía tener demasiada información y era evidente que el pánico empezaba a hacer su aparición.

<<Pero, esto… No… Mejor busco alguna fuente oficial, a ver qué demonios está pasando>>

Fue peor de lo que pensaba. No podía terminar de creer lo que estaba leyendo. Hace tan solo unos minutos todo lo que importaba era la pizza de esa noche y la siguiente canción que iba a sonar. Ahora, ahora todo era distinto.

Buscó más información.

Salió de su coche, el calor empezaba a ser demasiado intenso. Intentó contactar de nuevo con Juan. El teléfono seguía sin dar señal.

<<Mierda. Esto no es bueno>>

Llamó a sus padres para que supieran que estaba bien. Puso un mensaje a su novio que en ese momento estaba de viaje en el extranjero, y respondió a varios amigos que le escribieron preocupados por él.

Ilustración de Josë Sénder

El vehículo de al lado era de una familia, también estaban parados. Parecían sacados de una sitcom. Un padre calvo, una madre algo más joven y atractiva, un hijo adolescente y dos niñas pequeñas, una de ellas un bebé.

También habían salido. El padre tenía entre sus brazos al bebé que no dejaba de llorar, la madre intentaba consolar al hijo mayor y la pequeña seguía tranquila dentro de coche jugando a algo que solo ella conocía. Miró a Pablo sonriendo y este le devolvió la sonrisa.

<<¿Qué le pasa a la pequeña?>> Preguntó Pablo.

<<Tiene sed y nos hemos quedado sin agua hace rato>> dijo el padre.

¿Tanto tiempo ha pasado? ¿Cuánto llevamos aquí parados? Pensó para sus adentros.

<<Creo que tengo un par de botellas de agua en el maletero, espere que mire>>.

Así era. La niña bebió y al poco se durmió. No eran los únicos atrapados, otras tantas personas estaban igual. No estaban solos. A veces parece que en este mundo no tenemos a nadie más, pero al menos por ese día no era así.

Los desconocidos se daban apoyo, había abrazos y manos tendidas. Llegaron otros que habían visto por redes sociales lo que sucedía y bajaron de sus casas hasta los coches llevando comida, bebida y palabras de amor.

<<¿Te puedes creer lo que ha pasado?>> dijo el padre a Pablo <<Parece una película, y no una buena>>

<<No, no creo que nadie pueda>> en su voz había algo de preocupación, no dejaba de pensar en su amigo.

<<Estará bien, ya lo verás>> le dijo el padre que parecía que le había leído el pensamiento.

Pablo sonrió sin mucho ánimo.

Pasó el tiempo y poco a poco se fueron moviendo los coches.

No llegó a la cita, ni siquiera dejaban ir en esa dirección. Tuvo que dar una gran vuelta para volver a su casa. Aparcó en la calle y salió de su coche. Apenas se veía a nadie, varios comercios estaban cerrados y tampoco se escuchaba tráfico. No era un día para estar por ahí, la gente quería estar con sus seres queridos.

Subió las escaleras y cada escalón le costaba más que el anterior hasta que llegó a su planta.

<<Si que has tardado en llegar, tío>>

Pablo levantó la vista, abrió los ojos. No se lo podía creer. Era Juan. Estaba allí sentado, delante de su puerta, con una enorme sonrisa en el rostro. Los dos sonreían, corrieron y se abrazaron.

<<¡Te llame! Tu teléfono estaba muerto, pensé que igual…>> dijo Pablo

<<Ya, no lo digas. Se me debió caer al salir del metro y se rompería>> respondió Juan. <<Estoy bien, de verdad. ¿Y tú?>>

Pablo no dijo nada por un momento.

<<Ahora mejor>> dijo sin que la sonrisa desapareciera de su cara.

<<¿Tienes cerveza en casa?>> preguntó Juan.

<<Claro>> respondió Pablo mientras abría la puerta y encendía la luz. <<Pilla una de la nevera, y pon una pizza en el horno>>

<<¿Te parece bien si me quedo a dormir?>> dijo su amigo mientras sacaba dos cervezas de la nevera.

<<Quédate el tiempo que necesites>> respondió mientras cerraba la puerta del piso.

—————- En recuerdo de las víctimas del atentado de Barcelona ————————