En muchos sentidos 2016 ha sido un año de pérdidas, de dejar atrás cosas que se habían convertido en cadenas, de soltar lastre para cerrar una etapa que se alargaba más de lo que debía. Un año complejo en muchos aspectos, algunos que incluso a esta fecha siguen tejiendo sus hilos y que solo plantean una larga duda teñida con cierto miedo.

Este año he visto morir a algunos de los ídolos que tenía desde adolescente e incluso antes, desde niño. Nos dejó Gene Wilder, un actor que ya de pequeño admiraba y esa admiración no hizo más que crecer y crecer con el paso de los años, un inolvidable Willy Wonka que todavía hoy hace temblar mi corazón.

David Bowie murió y yo lloré. Lloré el día que murió David Bowie, es un buen título para un libro que quizá alguna vez haga, pero es exactamente lo que pasó. Estaba escribiendo y paré un momento, la noticia saltó a mis ojos y no pude hacer nada más que parar, dejar todo de lado, hacerme una bolita en la cama y llorar por alguien al que jamás había conocido.

Juanma Conde, Juanmito. Un nombre que quizá no os diga mucho pero que era bien conocido en la blogosfera del mundo del cómic. En muchos sentidos fue un padrino para mí, siempre un buen amigo, una visita obligada cada vez que iba a Salamanca y siempre fue un hombre lleno de sabiduría como solo los grandes maestros saben serlo.

Otros muchos nos han dejado: Harper Lee, Frank Sinatra Jr., el grandísim Alan Rickman, John Glenn, Alan Thicke, los veteranos Robert Vaughn y Van Williams que eran dos mitos de los eternos años sesenta, Prince…

Una lista larga, muy larga, más de lo que seguro muchos imagináis.

Y Frost.

Mi pequeño perrito de oficina.

Siempre alegre, siempre juguetón, siempre mimoso, siempre atento, siempre explorador, siempre glotón… Siempre.

Estoy llorando, no podéis verme pero lo que acabo de escribir me ha hecho llorar.

Le extraño muchísimo. Mi hermano usó una expresión que es totalmente adecuada y refleja a la perfección lo que se siente, la expresión es “se te parte el alma”. En mil pedazos, no hay otra forma de decirlo.

El tiempo pasa y los recuerdos dejan de entristecerte para hacerte sonreír, pero en ocasiones sigue doliendo. Un dolor mayor que el que jamás he sentido. Pero estuve arropado, muchísimo, por muchas personas que sabían lo importante que era, desde familiares a amigos, conocidos, mi editor, compañeros de Vision FES (los mejores del mundo), seguidores en redes sociales y un buen número de lectores que no dudaron en dejarme claro que eran algo más que simples lectores.

Cariño, amor y apoyo. Eso fue lo que pasó y no hay forma mejor de dar las gracias que decir un sencillo gracias.

Esta ha sido sin atisbo de duda la peor de las pérdidas de 2016.

Ahora vivirá para siempre, en el país de la imaginación, en su libro de cuentos siendo Frost que ya no es un perrito de oficina, ahora es un perrito de aventuras. Explorará el espacio, viajará por planetas, vivirá aventuras y será feliz.

También ha habido muchas luchas, batallas por vencer para seguir caminando, para seguir apostando por ello en lo que creo. En ocasiones teniendo que dejar atrás algo que llevaba años atado a mi espalda, abandonar mi pelea con el periodismo para empezar otra distinta con la escritura de libros. Decisiones y más decisiones.

Tomar una decisión es sencillo, es algo de solo un segundo, lo complicado, lo que es realmente difícil es poder llegar hasta ese momento, ser consciente de todo lo que perderás y ganarás, de lo que dejas atrás y lo que puede que descubras, de lograr ganarte a ti mismo en una contienda en la que eres el ejército invasor y también el pueblo saqueado. Pero las decisiones tienen consecuencias y ha habido más libros, otros por venir que ya se están empezando a escribir, algunos que en un futuro existirán y los que están terminados para ver la luz en breve.

La lucha no ha sido solo en eso, nada más lejos, ha habido mucho más en lo que batallar. Los demonios internos siempre están ahí y no pueden ganar la partida, quizá algún día venzan pero no será hoy. No será hoy. Cada día ha sido un intento por ser mejor, por dejar atrás rasgos que no quería en la persona que espero ser algún día y a la que estoy construyendo hoy; un camino que nunca termina y que en ocasiones parece no llevar a ningún sitio.

Todo esto y más ha sido 2016. Un año de pérdidas, de decisiones, de luchas, de días que se han ido y de recuerdos que empiezan a olvidarse, de risas, de lágrimas, de amigos, colegas, de amor, de malentendidos, de vida, sencillamente de vida.

No sé qué depara 2017, no quiero imaginarlo si he de ser sincero. Sé algunas cosas que deben pasar, otras que dependen de mi esfuerzo y algunas que están en manos de otros. Desconozco si será un buen o un mal año, pero en realidad no termina nada y tampoco empieza nada.

Cuando den las campanadas el 31 de diciembre en algunas partes ya será 2017, en otras estará por llegar y realmente solo es un día más, un día que habrá llegado detrás de otro día y al que seguirá otro día.

Día tras día.

Y mientras tanto, sigo escribiendo.

Sigo caminando.

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