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Eran cerca de las diez de la mañana cuando me monté en el metro con un poco de rock clásico sonando en mis cascos.

Dentro del vagón había un par de muchacas disfrazadas, otra pareja que entró después también, una chica de mi edad llevaba un bolso de Pikachu y las miradas, sonrisas y alguna que otra foto, empezaron a circular por entre los que estaban sentados.

Viendo algunas caras no costaba adivinar que no sabían nada de la cita que cada año se da en Barcelona, de ese Salón del Manga que cumple algo más de dos décadas y que ya se ha convertido en un encuentro más que obligado para todos los amantes de las viñetas.

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Una clara muestra de ello es la enorme cola que se pierde hasta más allá de lo que mis ojos podían ver, y que no parece menguar casi nunca salvo a la hora de comer. Miles y miles de personas recorren el camino que marcan las vallas con total respeto, educación y muy buen rollo.

Buen rollo.

Esa es la palabra clave.

Eso es lo que se respira durante los cuatro días que dura el evento.

Da igual si eres más o menos habitual en la lectura de mangas, si te interesa el anime o te llama más el cosplay, puede que sea el karaoke, los monstruos gigantes o el merchandising que prevalece por encima de otro material.

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Aquí no hay diferencias, no hay discusiones, no parece haber enfrentamientos, lo que por encima de todo se encuentra uno es un buen rollo constante. Un aluvión de gente que acude con sus amigos a pasárselo bien, con su pareja a fisgonear entre los puestos, padres con sus hijos compartiendo una pasión y en ocasiones dudando si realmente uno es adulto ya que se está dejando llevar…

… y eso es maravilloso.

Por supuesto que hay presencia de autores, algunos de renombre con colas interminables, exposiciones de diferente enfoque e interés, e incluso actividades paralelas entretenidas como el combate de monstruos organizado por Riot Wrestling Barcelona (y también otros entre luchadores más al uso); puedes perderte dentro de los talleres y aprender a hacer tu propio cosplay, o quizá pasear por el pequeño jardín de Hello Kitty o meterte en la isla que es el stand de Planeta para hacerte con sus últimas novedades.

También puedes, simplemente, dedicarte a pasear sin rumbo fijo, solo dejándote ir y sorprenderte por la gran cantidad y calidad de los disfraces que pasarán ante ti. Desde Harley Quinn al Power Ranger Verde, pasando por Son Goku, la Pantera Rosa y todo lo que se te pueda ocurrir. La imaginación es el límite.

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Es cierto, en ocasiones se ha criticado que parece que el cosplay y el merchandising han copado el evento, dejando en cierto modo fuera a lo que es el origen, a las viñetas en papel. No es del todo cierto y la presencia de varias editoriales como Norma Editorial lo dejan claro, además que no es algo malo y si el público prefiere dejarse los cuartos en muñecos o en hacerse un traje de su personaje favorito, ¿no es también una forma de vivir la afición?

Cada año miles y miles de personas acuden al Salón del Manga de Barcelona, cada año las colas son interminables, cada año hay más cosplayers, cada año sigue igual y cada año es distinto.

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