Hace unos días fue el pase de prensa en Barcelona de París puede esperar, película de Eleanor Coppola que protagonizan Diane Lane y el francés Arnaud Viard con la aparición especial de Alec Baldwin como el marido de la actriz principal.

La cosa es que al salir del visionado pude escuchar a otro asistente que “los jóvenes no la van a entender”. Claro está, él hace tiempo que dejó de ser joven y me llevaba bastantes años, quizá tenga razón, pero lo que es cierto es que el comentario llamó mi atención y no dejé de masticarlo en todo el camino de vuelta.

Repasemos. La película presenta a una mujer de unos cincuenta años de edad (Lane) que realiza un viaje en carretera junto con un socio de negocios (Viard) de su marido (Baldwin) con destino París. En esencia una road trip como otras tantas, con un cierto toque de cine europeo, y un buen número de paradas en su recorrido todas motivadas por un único motivo: están vivos.

Sí, así de sencillo. El personaje de Arnuad Viard no duda en detenerse cada pocos kilómetros ya que conoce una fonda en la que sirven un plato increíble, o para hacer un poco de turismo por rincones poco conocidos, charlar con viejas amistades y disfrutar de los pequeños placeres de la vida.

Eso es algo que, sin importar la edad, todos podemos entender. Igual de cierto es que hay otros aspectos que es lógico comprender que puedan escaparse, ya que son hechos relacionados con un matrimonio de larga duración, dudas y miedos que puede que todavía no nos hayan llegado y otras reflexiones que vendrán con el pasar de los años.

En esencia es lo mismo que sucede con la trilogía Antes del amanecer. Tres filmes dirigidos por Richard Linklater, protagonizados por Ethan Hawke y Julie Delpy con una historia de amor (¿quizá desamor?) que se desarrolla a lo largo de tres décadas comenzando cuando son poco más que unos críos y terminando, de momento, cuando llevan años casados. En esta saga sucede (al menos a mí) que en su momento me sentí identificado con la primera parte, tiempo después empecé a desarrollar más afinidad por la segunda y por el momento la tercera me sigue pareciendo algo ajena.

Pero volviendo al caso de París puede esperar hay que ver el filme como una celebración de las sorpresas del día a día, de sus posibilidades, de cómo cualquier momento puede ser mejor si sabemos apreciar los pequeños detalles y hacer que sean grandes. Es cierto, también peca de ser en muchos momentos predecible y de pasear por lugares comunes, con un metraje lleno de tópicos y una resolución esperada, pero a fin de cuentas es que la vida también lo está.

Id a verla, deleitaos con la buena química interpretativa de una maravillosa Diane Lane y encantador Arnuad Viard, de los muchos platos que degustan en su periplo y de los paisajes de una Francia que parece de ensueño; y después dejaos llevar por los sentidos mientras tomáis vuestra cena favorita.

Disfrutad del cine.

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