Todos somos hijos de nuestro tiempo y todo lo que sabemos de épocas anteriores es gracias a los recuerdos de otras personas, películas, libros y otro tipo de obras que se encargan de narrarnos a los que no estuvimos allí cómo fue ese allí.

Carlos Giménez es sin duda uno de los grandes narradores de las últimas décadas, no solo en el panorama del mundo del cómic, lo es en muchos aspectos. Sus obras se ocupan de no dejar caer en el olvido momentos tan importantes como las décadas posteriores a la Guerra Civil que hubo en nuestro país y la forma de vivir de nuestros mayores.

Es imposible hablar de este autor sin mentar Paracuellos, quizá su trabajo más conocido y en el que se ejemplifica lo que acabo de mencionar en el párrafo anterior, pero en esta ocasión quiero llevar vuestra mirada hacia algo muy diferente, hacia esa saga en tres volúmenes que es Los profesionales.

En esos tomos Giménez se nutre de los recuerdos propios y ajenos para narrar lo que sucedió en la época en la que trabajó en un estudio con otros ilustradores, su día a día aparece desnudo ante nosotros, cómo eran, su enfoque profesional y una forma de hacer cómics que hoy ha desaparecido en gran medida por los avances tecnológicos que se han ido sucediendo en las últimas décadas.

Los profesionales es una gran forma de adentrarse en un pasado que no hemos vivido, de bucear por algunos de los nombres que hemos admirado y respetado de esta industria, ya que aunque hay una cierta transformación a través del prisma de la ficción, no costará mucho (a cualquier ojo un poco entrenado) llegar a adivinar de quién se está hablando realmente.

En ocasiones, y con razón, se hacen ciertos paralelismos entre El invierno del dibujante de Paco Roca y esta obra de Carlos Giménez. Es innegable que comparten parcialmente un enfoque y que por el oficio, y la época, se suceden algunas situaciones similares en ambas obras, pero bien podría decirse que mientras la primera intenta ser un canto poético la segunda se acerca más al neorrealismo italiano.

Los profesionales es historia en estado puro. Son recuerdos y anécdotas contadas desde el corazón, la distancia que da el paso del tiempo y el respeto hacia una forma de hacer cómics que ya no exista.

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