Las gloriosas aventuras de Ben Watson, detective privado

La infidelidad (1)

Hoy es un día cualquiera.

Quizá domingo, puede que lunes no me arriesgaré con el martes ya que las resacas no suelen durarme tanto. Estoy en mi pequeño despacho, sucio y gris, tomando el mejor remedio para terminar con las nauseas de un fin de semana que ha consistido en beber, beber y beber un poco más… un buen copazo de whisky rebajado con hielo y vuelto a aumentar con whisky. Nada cura mejor las nauseas y la resaca.

Bajo los pies de la mesa y me levanto de la silla. Me acerco a la ventana y me apoyo en la pared gris, miro y veo una ciudad que no sonríe y si lo hiciera parecería la sonrisa del payaso ese de Stephen King. Pero la versión que mola, la que hizo el tipo que salía en The Rocky Horror Picture Show. Todavía me da miedo, a veces voy a cagar aterrado pensando que igual sale su mano de la taza y me agarra lo más valioso que tengo.

Luego pienso en qué ciudad vivo y me tranquilizo. Si un payaso loco viviera en las alcantarillas, ya estaría muerto de la cantidad de mierda que ahí allí abajo, eso si los cocodrilos no se lo hubieran comido antes. Y mejor que no empiece a pensar en las pseudoboñigas mutantes y su imperio de la caca.

Desde mi ventana veo a la gente pasar. Gente gris, en coches grises, con una vida gris, en una ciudad de calles igual de grises que todos ellos. Mierda de daltonismo.

Igual hoy me he vestido con la camisa verde de San Patricio y ni me he enterado. Sería gracioso, un detective privado con su gabardina, su sombrero, una pistola y una camisa verde chillona que tiene escrito en la espalda “Bebo hasta vomitar”.

Hablando de lo cual…

¡¡¡¡BLARF!!!

Lunes. Sin duda es lunes.

<<Bonito espectáculo señor Watson>>

La voz venía desde la puerta de mi pequeño despacho. Era una mujer, alta, con una figura atractiva y una mirada de pantera. Llevaba un ajustado vestido de noche, algo muy práctico para un lunes por la mañana. Intuyo que no soy el único que ha estado de fiesta hasta hace unas horas, mi instinto me lo dice.

Mi instinto y que apesta a alcohol.

Se acerca caminando lentamente, casi como un gato, su vestido marca sus curvas. Es rojo, sin duda. ¿Cómo lo sé si veo todo en gris? Soy un detective privado que trabaja en un cuchitril, llevo gabardina y bebo… Puestos a caer en los tópicos, a lo loco.

<<Veo que le gusta mi vestido azul>> dijo con su sensual voz.

Touché, pensé yo.

<<Un azul muy bonito, combina con el azul de la silla>> le dije señalando para que se sentara y haciendo lo mismo en mi butaca.

<<¿Se refiere al amarillo de la silla?>>

Se iba a enterar el de tienda de muebles por hacerse el gracioso. Ya me parecía a mí que estaba de demasiado buen humor el día que me atendió.

<<Bien señora, usted dirá en qué puedo ayudarla>> le dije mientras bebía de la taza que había en mi mesa algo que días atrás debía ser café, sabía fatal pero tapaba el olor de las copas. Que ella su aliento apestara a alcohol cada vez que hablaba era una cosa, que lo haga el mío es otra.

<<Quiero que mi marido me engañe y que usted le haga fotos>>

<<Creo que se ha confundido. “Piensa que su marido le engaña”>>

<<Oh, no. Nada de eso. Mi Toni es maravilloso. Es fiel como un perrito, se desvive por mí y me concede todos mis caprichos. Estoy cansada, quiero que se vaya con otra y que de paso me suelte una buena cantidad de pasta>>.

No daba crédito a lo que estaba diciendo, tampoco podía ya que el banco se había llevado todo mi crédito (pero esa es otra historia). Lo que esta mujer de azul era es una miserable y yo no pensaba tomar parte en esto.

<<Veo que duda Ben, ¿puedo llamarle Ben?>>

Se dio cuenta de que estaba dudando y me leyó el pensamiento.

<<Espero que esto sea suficiente>> terminó de firmar un cheque y lo dejó encima de la mesa.

<<Señora, apenas hemos empezado a conocernos pero debo decirle que tengo una ética muy fuerte. No vendo mis principios>>

Me miró, acercó el cuerpo a la mesa y apoyó los brazos sin dejar de mirarme ni un solo momento. Estaba rozando la fina línea de la seducción y hacer un Misery, menos mal que siempre tengo la pipa cerca.

<<No quiero que los venda, ¿pero qué me dice si se los alquilo al doble de lo que pone en ese cheque>>

<<Señora, usted me ofende. Por favor váyase de aquí ahora mismo>> dije con voz inflexible mientras encendía mi pipa haciéndome el digno.

Ella se levantó y se marchó con los andares de un gato salvaje. Antes de salir se giró un momento y me dijo…

<<Entonces… ¿qué día empezará?>>

<<Mañana a las nueve de la mañana>> dije mientras mi moral intentaba hablar, pero no podía aplastada por la pila de billetes. Creo que de hecho estaba luchando por respirar.

Salió del despacho y cerró la puerta con delicadeza. En la puerta ponía “Be , ve priva ”. Sí, “bebe priva”. Era irónico, ya que ciertamente le daba mucho a la priva, pero debía poner “Ben Watson, detective privado”, el hijo del portero piensa que es muy gracioso quitando las letras. Ojalá se pierda y me encarguen que lo encuentre, iba a pasarse meses sin aparecer ese pequeño bastardo.

Dejé la taza de café o de lo que fuera eso que había dentro y cogí de nuevo el vaso. Abrí un cajón y saque mi botella de… ¿Qué es esto? ¿Es verde? Dios, tengo que hacer limpieza un día de estos. Miré en otro, sí, mi botella de whisky.

La abrí y me puse otro trago. Subí otra vez las piernas a la mesa. En una mano el vaso bien cargado y en la otra el cheque. Lo miré atentamente y bebí el néctar de los dioses.

<<Sigo pensando que ese vestido era rojo>>

CONTINUARÁ

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