Desde sus comienzos la Patrulla Condenada ha sido un grupo muy complicado de clasificar. Fue creado en 1963 por Bob Haney y Arnold Drake, como un pequeño equipo de héroes con un toque excéntrico (o más que un toque, mejor dicho) que pudiera vivir aventuras que sería imposible para otros personajes de DC Comics.

La apuesta fue muy arriesgada, pero eran los años sesenta del siglo XX (que nunca pasan de moda) y era el momento perfecto para ser osado ya fuera en la televisón (como Los vengadores de John Steed y Emma Peel), en el cine (fue entonces el nacimiento del James Bond de la gran pantalla), en la literatura (también en 1963 se cuando se publicó por primera vez El planeta de los simios) y por supuesto en el cómic (Spiderman llegó en 1962, convirtiendo a un adolescente en un héroe y no en el compañero de este).

La jugada salió bien, al punto de que tantas décadas después y a pesar de haber tenido una carrera irregular, estos inadaptados gozan de un gran estado de salud, quizá mejor que nunca gracias a la actual popularidad que tienen por su serie televisiva (Doom Patrol, se dejó el nombre original) de DC Entertainment y Warner Bros. Digital Networks.

Este tomo, sencillamente titulado La Patrulla Condenada (dentro del sello más adulto, y algo experimental en ocasiones, Young Animal), es un gran punto de partida para aquellos que quieran empezar a conocer al grupo y hacerlo lanzándose a la piscina sin manguitos de ningún tipo. Es cierto, quizá sería mejor ir hasta el principio del todo o adentrarse poco a poco con etapas anteriores, puede que algún lector pase las paginas y se sienta algo perdido ante el extravagante y aparente sinsentido que hay en las viñetas… ¡Pero es que así es la Patrulla Condenada!

Así son sus extrañas historias, así son sus cambiantes personajes, así es su terrible existencia, así son sus numerosas vivencias y así son sus estrafalarios villanos. Todo es mucho más singular y extravagante de lo que sería esperable, en general, en cómics de personajes más al uso como pueden ser Superman o Batman, quienes en ocasiones están encadenados por sus propias ventas y eterna popularidad.

De esta forma, esta historia escrita por Gerard Way, cofundador del grupo musical My Chemical Romance, rinde un total homenaje y un claro respeto (con mucho de admiración y cariño) a la inclasificable historia de estos héroes a su pesar, y a las fascinantes aventuras que han vivido a lo largo de los años. Además sus palabras tienen la fortuna de mejorar con los lápices de los talentosos Nick Derington (Catwoman, X-Statix) y Michael Allred (creador del personaje Madman), entre otros profesionales.

¿Pero qué cuenta este tomo de trescientas páginas aproximadas? Eso no es tan fácil decirlo, la respuesta sería realmente compleja y muy seguramente (si nos sinceramos) es muy probable que el único que entienda todo lo que ha escrito sea el propio guionista. Dicho esto, lo que ofrece es un viaje alucinante, un periplo caótico y lisérgico en el que no sería extraño que de pronto apareciera el doctor Frank-N-Furter de The Rocky Horror Picture Show.

Y es que cualquiera que sea fan de la película protagonizada por Tim Curry y Susan Sarandon, sabrá que lo mejor ante ella es sentarse a disfrutar de la locura que va a presenciar (lo mismo sucede con la adaptación cinematográfica de Cats) y muy sinceramente creo que de la misma forma debe enfocarse la lectura de este volumen. Es una excéntrica odisea de la que podemos formar parte y maravillarnos con su locura, o por el contrario buscarle un sentido y quizá estrellarnos por el camino.

Abróchense los cinturones, el condenado avión está a punto de despegar.

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