Cuando se trata se una saga que nos gusta, da igual si nos referimos a cómic o cine o la disciplina artística que sea, todos tenemos nuestros gustos personales lo que conlleva que no siempre coincidamos con otros admiradores de la misma saga.

Aunque hay excepciones, claro está.

Nadie diría que la llegada de Spider-Man no marcó un momento cumbre en el mundo de las viñetas, que los Beatles no cambiaron para siempre el mundo de la música o que George Lucas no revolucionó el mundo del cine con el estreno de Star Wars.

Son hechos que no dejan lugar a discusión, te pueden gustar más o menos, pero son hechos que no pueden negarse.

Lo mismo podría suceder con Star Trek II: La ira de Khan que ha logrado convertirse en la película más aplaudida de Star Trek, en gran parte por las evidentes referencias literarias y el trabajo de Ricardo Montalbán logrando volver a un personaje del pasado pero llevándolo a cotas de auténtica épica. Khan es un loco, un hombre obsesionado, es prácticamente el mismísimo diablo y por siempre va a ser uno de los villanos inolvidables de la creación de Gene Roddenberry.

Igual de inolvidable es el episodio de la serie clásica, La ciudad al borde de la eternidad, un capítulo que contó con Joan Collins como invitada especial y que desde su primera emisión en 1967 no ha dejado indiferente a nadie. Esto es debido a que el guión lo firma Harlan Ellison, autor al que se deben títulos tan relevantes en la ciencia ficción como los cuentos No tengo boca y debo gritar y Un muchacho y su perro, entre otros muchos.

O no del todo.

Realmente lo que se emitió y lo que todos hemos visto es la versión remozada del guión original que él entregó, un relato que Roddenberry admitió que era muy bueno pero no para ser adaptado tal cual a televisión. Así que se hizo lo habitual en la industria, cortar y cambiar sin piedad, dejando para la imaginación colectiva el cómo podría haber sido de hacerse con fidelidad.

Esto en parte se ha sabido al haber publicado el autor su relato pero nunca se ha visto realmente, así que quedaba en la mente de cada uno el poner forma a sus palabras, al menos hasta ahora ya que gracias a la editorial Drakul podemos disfrutar en nuestras manos de una versión en cómic de lo que Harlan Ellison quiso hacer.

Este tomo viene firmado por los hermanos David y Scott Tipton que tienen en sus manos la compleja tarea de hacer justicia a la historia ganadora de de un premio Hugo. Para lograrlo han intentado respetar al máximo el texto original pero también la esencia del Star Trek más clásico, dejando que la fantasía de los años sesenta llegue intacta hasta nosotros. Y, cabe decir, que viendo las palabras de elogio del propio Ellison hacia los hermanos, estos han logrado su propósito.

Palabras que también hay para J.K. Woorward, el ilustrador detrás de todo y que consigue hacer que sintamos de nuevo con vida a un joven Leonard Nimoy dando la réplica a un igual de joven William Shatner, con un trabajo que es toda una carta de amor hacia la serie y sus personajes. Este profesional es muy posible que os resulte familiar, ya que no es la primera vez que hace sus pinitos dentro de la legendaria creación de Gene Roddenberry y se le ha podido ver en Star Trek: The Next Generation/Doctor Who: Assimilation2, entre otros títulos.

La mezcla de todo es sencillamente fantástica. El guión original, la adaptación, las ilustraciones, el amor y el respeto que destila a cada página es palpable, el homenaje a lo clásico con un producto que no cae en el error de dar nostalgia y prefiere apostar por la calidad.

La ciudad al borde de la eternidad de la editorial Drakul da algo que los seguidores de Star Trek hace mucho que querían, la auténtica ciudad al borde de la eternidad.

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