Vamos a dejar una cosa clara: los pitufos de La aldea escondida de Sony no son los pitufos de Peyo. Igual que no lo eran tampoco los de las dos películas anteriores, o los que aparecían en la serie de Hanna-Barbera, y de la misma forma no lo son los que la gente suele recordar liderados por Papá Pitufo que en realidad se llama Gran Pitufo (que en esta ocasión tiene la voz de Mandy Patinkin. Sí, de Iñigo Montoya).

Este es en concreto un pequeño detalle, pero muy importante. Sí es cierto que los azulitos han tenido personalidades marcadas, algo que se llevó al máximo en los dibujos (que a punto estuvieron de ser cada uno de un color), al igual que se infantilizó en exceso el producto.

Cuando terminó el pase de prensa comenté estas y otras cosas con un amigo y colega profesional que también había acudido, cuyo recuerdo de estos personajes era lejano y en gran parte de la televisión, y me respondió “No me irás a decir que eran para adultos, ¿no?”. No, no lo eran, pero tampoco eran un producto para niños.

Los Pitufos de Peyo, igual que las historietas de Johan y Pirluit en las que aparecieron, eran tebeos que todo el mundo podía leer, desde los pequeños a los mayores. Los críos quedándose con los chistes y las bromas, y los adultos disfrutando de otras lecturas como la crítica política que tiene El Rey pitufo.

Esto no está presente, ni de lejos en Los Pitufos: La aldea escondida; lo que no quiere decir que por ella sea una película menos válida o recomendable, al menos para que los niños la disfruten y pasen un buen rato con una producción que está totalmente dirigida a ellos.

Esto es algo que queda bien claro al presentar una trama que sigue al dedillo la de otras muchas películas infantiles, con un pequeño grupo de protagonistas con personalidades muy distintas, que realizan un viaje para encontrar algo sorprendente y después regresar a casa para vivir en una aparente normalidad. Con momento emotivo de serie, chistes que bien podrían estar presentes en algún gag de Buster Keaton y un villano que a pesar de ser malvado es más bien tontorrón (otro cambio respecto los cómics, ya que Gargamel es un hechicero al que temer a pesar de ser siempre burlado por los pitufos, y que en esta película es interpretado por Rainn Wilson).

Lo dicho, un producto totalmente pensado para los más pequeños, para su disfrute y que sin duda alguna les dejará con la boca abierta en más de un momento. Y si hay ser sincero, también a los adultos, ya que el diseño de producción (dirección de Noelle Triaureau) y de arte (dirección de Dean Gordon y Marcelo Vignali) se ocupan de dar algunos de los escenarios más bellos vistos en tiempo en una película de este tipo, con una más que evidente referencia al mundo concebido por Lewis Carroll para su Alicia.

De la misma forma los que sean (somos) amantes de las viñetas originales tendrán, por fin, la oportunidad de ver a toda pantalla y en un filme de gran presupuesto a estos personajes pero de la forma en que debió ser desde un principio, en dibujos animados y no esa mezcla horrenda que fueron Los Pitufos y Los Pitufos 2. Aunque pensándolo en frío, el desastre no fue tal por el cruce de la animación con la acción real, lo fue por un guión mediocre que desaprovechó totalmente a las creaciones de Peyo y a los actores que participaban, logrando que por una vez en la vida pareciera que Hank Azaria no supiera actuar.

Todo eso queda atrás ahora. Gracias a Los Pitufos: La aldea escondida los pequeños realmente vivirán una aventura que si bien se toma muchas libertades también encaja a la perfección con ellos, con forma de ser y que realmente aprovecha mucho del trabajo anterior. Desde narrar el origen que en los cómics tiene la Pitufita (o Pitufina, con voz de Demi Lovato) como una creación de Gargamel y su transformación en la única chica que de la aldea, poder ver por el pueblecito algunos de los muñecos que durante décadas han poblado las jugueterías e incluso a una versión del Ketekasko que sirve de homenaje a la historia en la que aparece (Los Pitufos y el Ketekasko, que es una de las mejores).

Los Pitufos: La aldea escondida no es Los Pitufos de Peyo, pero cumple, divierte y entretiene a partes iguales.

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