No puedo asegurarlo, pero creo que la primera vez que vi animación en Stop Motion fue con El monstruo de tiempos remotos. Una película de los años cincuenta que descubrí, igual que tantas otras, gracias a mi padre que era un gran amante del cine y la ciencia ficción. Fue por su mano que supe quién era Ray Harryhausen y otros nombres imprescindibles de la gran pantalla, pero no es de eso de lo que quiero hablaros.

El Stop Motion es una técnica que da resultados preciosos en el caso de estar bien hecha, tenemos como ejemplo Pesadilla antes de Navidad, la muy divertida Chicken Run: Evasión en la granja de Nick Park y Peter Lord, El alucinante mundo de Norman de Chris Butler y Sam Fell, o Fantástico Sr. Fox de Wes Anderson.

En este título en concreto se juntan dos cosas que lo hacen único para mí. Por un lado que es una adaptación del cuento El Superzorro de Roald Dahl, uno de mis escritores predilectos, y por el otro que lo firma Wes Anderson, uno de mis directores favoritos, que logró en su película captar a la perfección la esencia del relato original logrando además hacerlo totalmente suyo.

Ahora este realizador se lanza de nuevo al campo de la animación en Stop Motion con Isla de perros; una película llena de sus tics habituales, con un apartado visual preciosista hasta el extremo, una crítica social nada oculta y un acabado que habría maravillado a Gerry Anderson.

Seamos sinceros, Wes Anderson no es un director para todo el mundo. Su obra se aleja de lo que suele verse hoy en día en la gran pantalla, teniendo un toque muy característico y firmando una obra totalmente personal como ha quedado claro tanto en Viaje a Darjeeling, Life Aquatic, Los Tenenbaums. Una familia de genios, o en cualquiera de las obras que ha realizado hasta el momento. Lo mismo sucede en Isla de perros, un proyecto que indudablemente ha salido de su mano y que está encuadrado dentro de ese universo extraordinario que solo él sabe crear.

Parte de esta magia se debe a los actores que trabajan a sus órdenes, y suelen repetir, motivo por el que es totalmente recomendable ver este filme en versión original. De esta forma podrá el espectador disfrutar de las voces de Bryan Cranston, Edward Norton o Scarlet Johanson, por supuesto su siempre imprescindible Bill Murray y otros veteranos como Frances McDorman, Harvey Keitel, o el gran F. Murray Abraham.

A través de ellos y un guión firmado conjuntamente entre el director Roman Coppola, Jason Schwartzman y Kunichi Nomura se crea una historia de corte político con una evidente dosis de crítica nada desdeñable, mucho de reflexión social y bastante mala uva a través de diálogos ingeniosos, como siempre suele ser en las películas de Anderson. Todo esto se hace como solo los buenos artesanos saben, de la misma forma que se hizo en WALL·E de Pixar, a través de una presentación que parece simplista pero que está muy lejos de serlo.

Todo ello bañado de un evidente amor por japón y su cultura, desde referencias directas como el nombre del niño protagonista, Atari, a muestras de su gastronomía, arte y respeto a directores de cine de allí como Kurosawa o Miyazaki, y de otros de fuera como Kubrick. Pensado y orquestado todo para que el espectador pueda elegir qué ver, puede sentarse a intentar ver todo lo que se sucede en pantalla (se requieren varios visionados), disfrutar con la trama política o sencillamente pasárselo bien con una historia de perros y un niño en busca de su mejor amigo, con un cierto paralelismo inevitable con Un muchacho y su perro de Harlan Ellison.

En Isla de perros Wes Anderson vuelve a lograr impresionar por lo cuidado de su puesta en escena, un reparto coral digno de aplauso, reflexiones críticas de plena actualidad que no deberían pasar desapercibidas a nadie, y una animación que hará soñar a más de un espectador.

<<- ¿Sabes lo que es el amor?, me preguntó ella.

– Claro que lo sé. Un chico ama a su perro.>>

Vic (del relato Un chico y su perro, de Harlan Ellison).

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