Hotel Transilvania es una entretenida película familiar que recoge a los clásicos monstruos de la Universal bajo el amparo de la animación y la comedia. Bajo la premisa de que el Conde Drácula dirige ahora un hotel para estas criaturas el público irá viendo como ya no son lo que eran, siguen siendo terribles seres de la oscuridad pero un poco menos.

Tienen sus familias, llevan camisa y corbata, disfrutan del día a día y aunque en el fondo son los mismos de siempre ya no tienen esas ansias oscuras. Son, sencillamente, gente como todos los demás.

Esta segunda parte retoma el hilo algún tiempo después de los acontecimientos de la primera. La hija de Drácula es una recién casada (hechos que se ven al comienzo) y nadie sabe si su primogénito será humano (como su padre) o vampiro (como ella), aunque si le preguntan a su abuelo sin duda será un vampiro.

¿El problema? No le han salido los colmillos, aunque según explica Wayne (el hombre lobo) hasta los cinco años puede pasar, pero poco a poco se va a cercando el quinto cumpleaños del pequeño y siguen sin salir. Así que Drácula decidirá tomar cartas en el asunto para que su nieto sea el digno monstruo que debe ser.

Se van encadenando una serie de gags y chistes que unidos conforman una película, pero que no logran que la misma funcione como tal. Vistos de forma independiente son divertidos y provocan la carcajada, pero pegados y sin tener un momento de descanso lo que logran es el tedio y el sopor.

La dirección de Genndy Tartakovsky no termina de lucir y eso que en la anterior era intachable, pero quizá el problema no sea tanto de él como del guión. En esta ocasión lo firman Robert Smigel, responsable también del de la primera, y Adam Sandler que parece quedar bastante claro que ha metido más mano de la que debería convirtiendo al producto en un vehículo para su lucimiento y poco más.

Aunque no todo es malo. La animación es estupenda, los diseños son atractivos y contar en nuestro idioma con las voces de Joan Pera y Arturo Fernández (en sustitución de Mel Brooks) como Vlad, padre de Drácula, es algo estupendo. Más allá, poco hay que merezca la pena.

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