Durante este último mes habéis podido leer en esta web varios artículos sobre He-Man y sus compañeros, los Masters del universo. También en el canal se han ido subiendo varios vídeos sobre el tema, como el que tenéis justo encima de estas líneas, y ahora llega el momento de dar el cierre.

Se podría hacer de muchas formas. Una de ellas sería preparar un extenso reportaje sobre la colección de figuras, pero realmente en The Toys That Made Us ya lo hicieron (y de fábula) y siempre se puede completar con el recomendable libro El arte de He-Man de ECC Ediciones. Así que he pensado otra cosa.

Sencillamente voy a recordar a este juguete.

Es imposible no hacerlo, ¿verdad?

Para muchos fue el que marcó su infancia, siempre de fondo, siempre ahí. En mi caso no recuerdo que no hubiera por casa, en mis primeros flashes ya hay un He-Man y un Skeletor. Recuerdo las batallas que hacía con mi hermano y cómo mis abuelos me regalaron uno de los pocos que era mío (la colección era de mi hermano), fue el rey Randor.

Después tuve alguno más y con el paso de los años me hice con otros, a través de mercadillos y webs. Curiosamente el último que conseguí, y no hace tanto, fue el propio He-Man ya que no podía ser que faltara.

Una cosa es tener una colección discreta y otra que él no estuviera.

Recuerdo también los vehículos. Es curioso, pero nunca he sido de tener motos o coches, siempre he preferido solo los muñecos, pero en este caso era distinto. Aquí molaban, de verdad. Es decir, ¿un tiburón que mueve las mandíbulas y en el que puedes meter a Skeletor? ¿Un mosquito gigante que menea las alas mientras juegas con él?

Era imposible no quedarse con la boca abierta.

Eran bárbaros salidos de un mundo de fantasía imposible, todo bien salpicado de ciencia ficción a la última moda.

¿Recordáis lo enorme que eran al ponerlos al lado de otras figuras? ¿Solo yo jugué con He-Man y Hulk Hogan pegándose en el ring? 

Y Skeletor.

Ah, el gran villano. Ese rostro salido de las tinieblas, ese cetro de poder, esa maldad que hacía temblar los muros de todo Eternia.

Él y su grupo de servidores, también algunos aliados, e incluso un maestro que podía superarle en artimañas y villanía.

Pero no importaba. Al final siempre salía todo bien, llegaba He-Man con sus amigos, a veces le rescataban, y los malos lo único que podían hacer eran correr para volver otro día con un nuevo plan.

Un nuevo plan que, sin duda iba a fracasar.

Ahora miro estos muñecos, los pocos que tengo, y sonrío. No es igual que con otros que tengo en mi colección, no es ni parecido. Estos son parte de mi infancia, de mi historia, y eso es lo mejor que tenía He-Man, que nos hizo ser parte de la suya.

Ilustración de Conrado “Entiman” Martín

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