A falta de thrillers de espías de esos que hacen que te aferres al borde de la butaca (o el sillón), Francis Lawrence I Am Legend (2007), las tres últimas partes de la saga The Hunger Games (2013-’15) – y el guionista Justin Haythe – The Lone Ranger (2013) y el inminente biopic sobre Queen/Freddie Mercury Bohemian Rhapsody (2008) – intentan “john-le-carréar” la novela de Jason Matthews Red Sparrow (2014) cuando, claramente, el material original no lo necesitaba y privándolo así de la fuerza y el potencial que la película podría haber tenido.

Jennifer Lawrence interpreta a Dominika Egorova, prima ballerina de la compañía Bolshoi. Cuando su futuro profesional es comprometido, así como la manutención de su madre enferma, su tío Vanya Egorov (Matthias Schoenaerts) acudirá a ella para ofrecerle formar parte del programa Gorrión Rojo donde Dominika se formará como una espía especializada en el control emocional y la seducción. Se verá inmersa entonces en la Guerra Fría de nunca acabar cuando le encarguen seducir y controlar al espía americano Nate Nash (Joel Edgerton) y descubrir quién es el topo en el gobierno ruso que trabaja con los Estados Unidos de América.

Nombres como Mary-Louise ParkerRED (2010) –, Ciarán HindsRome (2005-‘07) –, o Jeremy IronsThe Mission (1986) – acompañan al elenco principal con, probablemente, las aportaciones más notables de la cinta. No por su contenido, claro, si no por su line delibery esa forma de interpretar que tienen que hace que no puedas apartar los ojos de la pantalla.

Y es que la cinta en general no sorprende. Y entiendo que hasta pueda aburrir. El elenco principal es funcional: ambos Lawrence como Edgerton han demostrado en diferentes ocasiones su valía como actores, no hay aboslutamente nada en las extensas casi dos horas y media de metraje que les jhaga destacar. Y no es culpa de ellos.

La trama y los temas a tratar son lo suficientemente interesantes para poder haber desarrollado un thriller trabajado como una ópera mucho más cuidada, pero exceptuando un plar de planos verdaderamente preciosos o una que otra escena con un montaje fuera de lo habitual, el filme queda como algo insulso. Hasta despectivo con la narrativa original. Da la sensación de que espera que con el contenido de la historia el espectador quede satisfecho y no se preocupa de cómo explicarlo para que cale en la retina de aquel que se siente ante la pantalla.

Decir que, de hecho, la historia narrada es lo único que mantiene la espectativa durante la película y aquello que realmente cumple una vez acaba. El resultado es inesperado, pero inteligente, de esos que no podrían ser de otra manera. Pocas veces un tercer acto deja mínimamente satisfecho.

La cinta de Lawrence (director, no actriz) se muestra como una apología al feminismo que funciona, con pinzas, pero funciona. Y es que en una historia en la que el sexo es protagonista, ¡el único desnudo integral es el de un hombre! El personaje de Lawrence (actriz, no director) se muetra como una figura rompedora de cadenas que intenta escapar de una sociedad donde las mujeres ya se han dado por vencidas. Hay escenas con contendio sexual en las que aparece ella, claro, pero todas dentro de las exigencias de la narrativa para el desarrollo del personaje y ninguna que sexualice de forma gratuita al personaje. Como siempre, se podría haber hecho mucho más, pero bajo los estándares de Hollywood es hasta sorprendente.

Sin embargo esto no salva al Gorrión Rojo de caer en picado nada más alzar el vuelo.

Artículo de Sergi Páez.

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