Desde pequeño he sentido predilección por tres niños aventureros. Lógicamente el hecho de ser también yo un infante jugaba a favor de ello, pero lo cierto es que con el paso de los años ese amor no ha hecho más que crecer.

Cumplía años y los recuerdos de esos tiempos eran cada vez más borrosos, pero esos tres personajes de la ficción seguían claros como el hoy. Cada vez mejores. Empecé a entender que lo que me maravilló (y maravillaba) no era el compartir una edad con ellos, nada más lejos. Era el buen hacer de sus creadores, lo fascinante de las fantasías que vivían y los muchos niveles de lectura que podían tener. Nada esto podía saberlo de pequeño pero lo cierto es que ahí estaba esperando a que me diera cuenta de ello.

Nadie se sorprenderá si digo que eran Nemo, Peter y Alicia.

Little Nemo (in Slumberland) fue creado por Winsor McCay, un genio que llevó a las viñetas a un nivel nunca visto hasta el momento y que lo cierto todavía sigue sin ser superado.

Peter Pan llegó a los lectores en The Little White Bird en 1902 gracias a James M. Barrie, aunque su auténtica popularidad fue gracias a la obra teatral de 1904 Peter Pan, or The Boy Who Wouldn’t Grow Up.

Alicia cayó por primera vez por la madriguera de conejo en Alice’s Adventures in Wonderland en 1865 de la mano de Charles Lutwidge Dodgson más conocido como Lewis Carroll.

Aunque esto no es del todo exacto.

Ese libro vio la luz en 1865, pero antes de todo ello está el cuento que él mismo narró y el manuscrito original de 1864 titulado Alice’s Adventures Under Ground que escribió e ilustró de su puño y letra.

Sorprendentemente en un primer momento el autor no tenía intención alguna de publicarlo y cuando se decidió consideró que lanzar 1000 copias ya era bastante temerario. Imaginad cuando su editor decidió que debían lanzarse otras 3000.

“Me alarma un poco su idea magnífica de imprimir 3000 ejemplares más. Yo pensaba que 1000 era una aventura considerable”, palabras de Carroll a a Alexander Macmillan.

Nadie puede ver el futuro y es comprensible que alguien de carácter tímido e introvertido se viese algo superado por el éxito de su obra. Más todavía cuando se tradujo a otros idiomas y poco a poco se fue convirtiendo en un clásico inmortal.

Lo mismo pasaría con su segunda parte y con ese primer manuscrito. El paso del tiempo haría que se adaptara innumerables veces en diversos medios, algunos más fieles y otros menos. Destaca la película de Walt Disney Productions de 1951, aunque la idea de llevarla a la pantalla por parte de Disney (el hombre, no la compañía) viene de 1924 cuando hizo unas primeras incursiones mezclando animación con la joven actriz Virginia Davis.

Este filme no dudó en combinar tramas y personajes de las dos aventuras de Alicia, además de introducir varios cambios ante la imposibilidad de ser realmente fiel a la compleja obra de Carroll. En parte el producto perdió calidad y forma al convertirlo en un puro entretenimiento familiar y americano, aunque no hay que quitarle mérito y debe reconocerse que el tratamiento visual es soberbio. Aunque no puede decirse que estemos realmente ante Alicia, es otra Alicia y esto no gustó a los admiradores de la obra original. A pesar de todo ha pasado al imaginario popular y un gran número de personas nunca han conocido más que este título.

Por suerte ahora tienen la oportunidad de lanzarse a la piscina de la mano de DEBOLS!LLO que recopila en un mismo libro las dos aventuras y de regalo el relato La Caza del Snarck. Esta edición de tan solo 10 euros respeta totalmente el clásico y las exquisitas ilustraciones de John Tenniel sin las que las letras de Lewis Carroll estarían incompletas, siendo la herramienta perfecta para adentrarse en ese enloquecido mundo de irrealidad.

Esto no es todo, hay más. El tomo se completa con un buen número de cartas entre el autor y su editor, Alice Hargreaves (Alice Liddell de soltera, la que inspiró la ficción), además de varios testimonios sobre el hombre que estaba detrás de los relatos. Todo esto salpicado con un buen número de anotaciones para entender todavía mejor la obra y la creación de la misma.

El lector tiene ante él la posibilidad de entrar de lleno en la mente del escritor y todo lo que le rodeó, por si poder leer estos relatos no fuera motivo suficiente para hacerse con el volumen.

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