El año pasado se celebró la 36ª edición del Salón del cómic de Barcelona y por lógica este año debía ser la 37ª, pero no ha sido así. No exactamente. El evento cambió de nombre para pasar a llamarse Cómic Barcelona, y más allá de un simple hecho comercial y de marca, ahí estaba toda una declaración de intenciones para el que supiera verla.

En realidad podría hablarse de una primera muestra, un primer Cómic Barcelona que si bien es heredero del evento que se venía celebrando desde tantas décadas atrás, también es algo distinto de este y todavía debe encontrar su camino. Solo hemos visto los primeros pasos, hay que esperar hasta dentro de un tiempo para sacar opiniones en firme.

Pero sí hay algunas impresiones que se pueden empezar a comentar. Personalmente, y esto puede ser o no compartido, creo que ha sido raro. Tal cual. No ha sido malo, algo que en cada edición del Salón, perdón, de Cómic Barcelona, sale gente diciéndo y atacándo más por sus propios demonios internos (y prejuicios) que por una realidad. Ha tenido sus más y sus menos, pero en conjunto ha sido bueno, aunque raro.

Ha sido bueno ya que ha cerrado de nuevo superando más de 100 000 visitantes (según los datos que ha dado la organización), ha contado con la presencia de los muy aplaudidos Daniel Clowes y Milo Manara, junto con otro gran número de autores ya fueran invitados oficiales del evento como David Tako y Jérôme Hamon (autores de Green Class) y muchos otros que no lo éramos pero también estábamos por allí con firmas de nuestra obra.

Un acierto ha sido también el empezar a realizar de forma general las conferencias y otras actividades en espacios realmente destinados para tal fin, en vez de poner un escenario en medio de un pabellón y pretender que el permanente ruido de gente pasando y charlando no moleste (o la música de algunos stands, de un karaoke…). Puede que para alguno esto haya sido un fallo, ya que no te lo podías encontrar de frente y quizá se te despistaba tal o cual acto, pero en realidad cuando tenemos interés en acudir a una mesa redonda no hace falta que nos demos de bruces con ella.

Ha habido una buena presencia de editoriales, ya sean majors como Norma o Panini, medianas como Dolmen y LetraBlanka, o emergentes como Bestia Negra y Dimensionales; estas últimas en una nueva zona llamada Alter Cómics que ha permitido que nombres más pequeños puedan estar presentes en Cómic Barcelona cuando antes no habría sido posible debido a los costes. Se puede unir a este punto la ya habitual presencia de un Artist Alley, con un público que ya se ha familiarizado con ello, en el que estaban artistas como Ramón F. Bachs, Rafa Garrés o Carlos Nieto.

Sí que es cierto que en otros apartados se ha podido notar una cierta urgencia a la hora de organizar espacios y contenidos, como un evidente recorte presupuestario que se hacía totalmente patente cuando uno acudía a ver la exposición sobre Stan Lee y otras colindantes. Quedaban muy por debajo de otras como la de Jack Kirby o Will Eisner de pasadas ediciones, no solo por una cuestión material si no también por una puramente ornamentística, ¿o no recordáis el montaje que hubo en la dedicada a Lucky Luke en 2017? (Que, dicho sea de paso, me valió una involuntaria aparición en la prensa de papel haciéndome un selfie junto al héroe).

De forma conjunta la valoración es positiva pero mejorable, algo inevitable cuando en realidad estamos ante una primera edición y no tanto ante una continuación directa de lo que era hasta ahora. Varios puntos están por demostrar si han sido la mejor decisión o pueden ir por otro camino, un camino que (no hay que olvidarlo) todavía está por recorrerse.

Cómic Barcelona es el final de algo y el comienzo de otra cosa, queda por ver en años venideros si fue mejor lo pasado o lo que está por venir. Mientras tanto seguiremos leyendo tebeos.

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