Todos tenemos nuestros cómics favoritos, esos que nos han acompañado durante años y que hemos leído una vez tras otra. En general suelen estar protagonizados por los personajes que más nos gustan, pero en ocasiones se cuela alguno que no es de los que solemos seguir. Da igual, a veces ni siquiera es una gran historia, pero tiene un algo que logra engancharnos una y otra vez.

En mi caso una de estas lecturas es un número de grapa de Estela Plateada (lo siento, Silver Surfer no me gusta nada) que tengo desde que era pequeño. No recuerdo realmente cómo llegó hasta mí, y lo cierto es que aunque la idea de este emisario de las estrellas siempre me ha gustado he de decir que nunca he seguido sus historias de forma regular.

Pero ahí está. Un cómic que es solo parte de una trama mayor, en el que jamás supe de dónde venía la historia y tampoco el destino que iba a tener. Pero daba igual, era de esos que siempre me gustaba leer. En él Estela Plateada estaba atrapado en un planeta que le había quitado sus poderes, y vendía sus recuerdos para intentar salir del mismo. Gran error, pero con momentos muy divertidos y una crítica muy poco sutil hacia el mundo de la televisión y la sociedad del momento (que sigue siendo más o menos igual, por desgracia).

Hace poco descubrí exactamente qué estaba leyendo y me gustó todavía más. Ha sido gracias al tomo El guantelete del infinito: prólogo, en el que Estela Plateada es el absoluto protagonista, en lo que es solo la antesala de la batalla más legendaria que se ha vivido nunca en el universo Marvel (con todo respeto a las Secret Wars originales). Un hito de plena actualidad gracias a Marvel Studios y su Vengadores: Infinity War, en la que los héroes se enfrentarán a la versión cinematográfica de Thanos.

En la gran pantalla tiene el rostro de Josh Brolin, actor que pese a tener solo cincuenta años ya se puede decir que es todo un veterano por el gran número de títulos a sus espaldas como Los Goonies, El hombre sin sombra, o Men In Black 3 como una versión joven del Agente K de Tommy Lee Jones. Pero si hablamos del cómic el rostro será por siempre el que le dieron Jim Starlin, su creador directo, y Ron Lim, que es sin duda el autor que mejor ha sabido dibujar sus rasgos.

La combinación de estos dos hombres logró crear (re crear, y me remito al volumen El renacimiento de Thanos) a un personaje que transciende por completo las concepciones del bien y del mal, motivo por el que es rápidamente tildado de villano ya que a ojos de los pobres mortales sus actos son dignos del mismo Diablo. Pero en su personalidad hay mucho más, también la capacidad de amar, de sentir pesar e incluso de respeto por sus adversarios.

 

Lo que nos lleva de nuevo a Estela Plateada, uno de los pocos personajes que es (casi) capaz de hacerle frente y por el que siente una mezcla de respeto con odio, como solo puede existir entre los archienemigos como Sherlock Holmes y el profesor James Moriarty, o Mister Fantástico y el Doctor Muerte, que son más de la casa.

Este volumen explora en profundidad a este viajero del cosmos, mostrando partes de su personalidad e historia que eran desconocidas hasta entonces; por supuesto con la obligada aparición de Galactus, que conlleva además dar un giro cargado de cierta oscuridad al origen que todos conocemos bien de el noble Norrin Radd sacrificándose por el bien de su planeta.

Sirve así este tomo no solo como puerta de entrada a todo lo que va a ser El guantelete del infinito, y la larga saga que se forjará desde este punto, otro tanto hace las veces de explorador por las desconocidas selvas del pasado y el alma de Estela Plateada. Un pilar cósmico sin el que es imposible entender al Marvelverso, y sin el que esta historia no podría haberse concebido según es.

El guantele del infinito: prólogo es lo que promete el título, solo un prólogo. Lo mejor está por llegar.

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