En el 30 aniversario de la mítica adaptación cinematográfica de Cementerio de Animales de Stephen King –dirigida por Mary Lambert en 1989 y traducida locamente al español, en el clásico movimiento absurdo de aquí, como “El cementerio viviente”-, Kevin Kölsch y Dennis Widmyer nos traen una nueva versión del clásico de la literatura de terror, realizada con mucho más presupuesto y calidad de medios de producción.

El resultado de la obra es el de un producto que, si bien irregular, deja un buen sabor de boca. La primera mitad de la película se hace pesada, es demasiado lenta, está llena de clichés innecesarios –le falta un abuelo con gorra en una gasolinera diciendo “no vayáis por ahí, os llevará a una muerte segura” para que podamos cantar bingo– y los sustos son fáciles y gratuitos. Recuerda a cualquier slasher genérico de los 90 –que no fuera la magistral saga Scream, por supuesto– en el que cada vez que pasa un coche suben mucho el volumen para que te asustes y no se te olvide que estás viendo una peli de miedo durante los ratos en que no pasa nada interesante.

Pero esta dejadez de la primera parte queda compensada con creces cuando, a partir del potente plot twist a mitad de la historia, la dirección da un giro y se convierte en una verdadera película de terror escalofriante que ya no recurre al truco fácil, sino que es capaz de generar una atmósfera terrorífica por sus propios medios –¿Quizás tenga que ver con que haya dos directores? ¿Habrá dirigido cada uno una mitad?-. De modo que al principio puede resultar un tanto aburrida, pero la segunda mitad es tan infartantemente siniestra y demoledora que todo fan del buen cine de terror saldrá de la sala con un buen recuerdo e ignorará la falta de tino del comienzo. Si te gusta pasar miedo, aquí vas a disfrutar.

La fotografía y la dirección son impecables, muy al estilo del cine de terror de los 80, contribuyendo a generar ese ambiente tétrico y espeluznante que tan necesario es para apoyar las historias de Stephen King, en que lo bucólico y entrañable se mezcla de forma indisoluble con lo escalofriante y demencial. En ciertos aspectos estéticos, recuerda mucho a la adaptación de 1989 de Mary Lambert –de hecho, el crío es tan clavado al de la película original que me pregunto si será un clon de éste-.

Los actores son en su mayor parte relativamente desconocidos, lo cual lejos de restarle atractivo a la obra, ayuda a otorgar veracidad a la historia y a que nos metamos más en ella. Los vemos como a una familia de verdad, nuestros vecinos de al lado, nos los creemos. Jason Clarkeese extraño cruce entre Mark Ruffalo y Woody Harrelson al que he decidido apodar Work Ruffarrelson– está espléndido, pero Jeté Laurence, la niña que interpreta a su hija de 8 años, es tan brillante que se come al resto del reparto con patatas. Excepto quizás a John Litgow, el mítico protagonista de Cosas de Marcianos, que aquí interpreta al vecino redneck y nos deja con la boca abierta en su interpretación dramática.

Hay cambios drásticosque no mencionaremos a fin de evitar spoilers– con respecto al libro original, pero no molestan, sino que le añaden credibilidad a la historia y la hacen más interesante, además de que así logra sorprender incluso a los fans acérrimos de Stephen King que se sepan el libro de memoria.

Sospecho que el gato elegido para la película, de raza Maine Coon –en el libro era un gato británico de pelo corto-, ha sido un guiño hecho aposta hacia el propio Stephen King, que siempre suele situar sus historias en el estado de Maine.

La película tiene algunos defectos, no nos engañemos. El principal es el abuso de la banda sonora tétrica, que si bien está muy bien compuesta, suena tan continuamente que agobia. Ese zumbido de fondo a lo David Lynch que no calla más que un par de minutos durante todo el metraje parece estar ahí diciéndonos “eh, no os olvidéis de que estáis viendo una película de terror, ¿vale? No vaya a ser que veáis una escena de emotivo drama familiar y se os olvide”. Llega a hacerse repetitivo y pesado, al menos durante la mitad de menor calidad de la cinta.

Otro detalle que provoca cierto dolor al espectador es el nivel de estupidez del personaje protagonista. Sabemos de sobras que los personajes principales de una peli de terror deben ser un tanto idiotas –Abed de Community ya nos dejó claro que, si los personajes fueran inteligentes y supieran cómo reaccionar de forma coherente, no habría historia de miedo-, pero el bueno de Louis alcanza unos niveles de imbecilidad que rayan lo absurdo. En parte, esto es algo bueno, porque justifica la abrumadora cantidad de cagadas que comete y elimina cualquier posible agujero de guión –vale, ha pasado una cosa muy poco creíble, pero no ha sido un diabolicus ex machina gratuito, sino simplemente que el protagonista es tonto-. Por otra parte, cuesta creer que un señor con tan escasa capacidad cognitiva como Louis haya llegado a los cuarenta años sin morir atragantado por un plátano y mucho menos que haya logrado criar a dos hijos sin que se le ahoguen en la bañera.

Dejando de lado estos desafortunados errores –la irregularidad de la calidad según el momento del metraje, el abuso de banda sonora y lo idiota que llega a ser Louis-, la película es digna y una estupenda adaptación de un clásico del terror de King.

Como apunte curioso, la mayoría sabréis que lo más mítico que tuvo la adaptación de 1989 fue la canción homónima de The Ramones que sonaba en los créditos finales. En esta nueva adaptación, tenemos una versión de la misma canción también en los créditos, cantada por alguien con una voz que recuerda vagamente a la de Courtney Love. Pero lo curioso –y altamente enervante– es que, por más y más búsquedas que he realizado por internet, me ha sido imposible encontrar quién ha hecho este cover, no aparece por ninguna parte. No lo vais a encontrar en la ficha de IMDB de la película, ni en su página de Wikipedia, ni en ningún otro sitio. Si, al igual que yo, sois de esas personas que cuando oyen una canción que les gusta necesitan saber quién la está cantando, solo puedo recomendaros que os quedéis a ver los créditos, al menos hasta la sección que suele venir casi al final de éstos en la que se detallan las canciones que aparecen, y ahí os fijéis en quién cantaba esta versión, porque no vais a poder encontrar esa información en ningún otro lugar. Tampoco será difícil de identificar en los créditos, al fin y al cabo es la única canción que suena en la película además del irritante zumbido lynchiano.

Cementerio de Animales puede ser algo irregular, sí, pero es un buen producto. No será tan redonda y perfecta como fue el remake de It de 2017, por supuesto, pero es una película de terror digna y entretenida. Zombis, casas bonitas en medio de bosques siniestros, protagonista medio lelo y niños que dan escalofríos. Tiene todos los ingredientes que necesitamos para pasar un buen rato de sustos.

Artículo de Jöse Sénder.

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