Hacía cosa de una docena de años que no iba por Avilés. Esa última (y primera) vez fue con motivo de las jornadas de cómic que se celebran allí y en esta ocasión por la quinta edición del festival Celsius 232, un evento centrado en la literatura de ciencia ficción en el que hay cabida para mucho más, desde lo infantil a merchandising pasando por divulgación y guías sobre qué hacer si el apocalipsis zombi te pilla con tu madre.

Es eso y mucho más, no os hacéis idea.

Podría listaros todas las actividades que hubo, lo bien que se lo pasaron los críos, los nombres de los autores extranjeros que acudieron, los que lo hicimos desde España o contaros las librerías que decidieron acercarse por allí, pero creo que eso no haría realmente justicia a lo que ha sido para mí. Os dejo un par de enlaces de gente que ya ha hecho su crónica, apariciones en medios y siempre podéis acudir directamente al perfil en Twitter del evento para estar al tanto de todo lo que pasó.

Por mi parte prefiero ir por otro camino, sencillamente algo más personal de lo que ha sido una primera vez inolvidable.

El periplo empezó a las 4:30 de la madrugada del miércoles 20 de julio cuando me desperté a las horas en las que Batman sigue de guardia, el avión se marchaba a las 7:30 así que no quedaba otra que levantarse pronto a pesar de arrastrar dos días de casi no dormir; cuando a uno le invitan a sitios como el Celsius hay que ir.

Tras una buena cabezada durante el vuelo llegué al aeropuerto de Asturias y allí estaba Ana (de la organización) esperándome, a mí, a Laura Fernández y otro asistente que acudía desde Barcelona. Con las presentaciones hechas nos subimos al coche, llegamos a Avilés, maleta en el hotel y rumbo a la plaza en la que se hacía el evento. Era temprano todavía así que aprovechamos para desayunar y Laura con toda amabilidad me estuvo explicando cómo había sido otros años, el funcionamiento que tenían y me aseguraba que sin duda iba a disfrutarlo.

No se equivocó, ni solo un poquito.

Esa tarde es cuando comenzó realmente todo para mí. Al principio bastante perdido pero por suerte uno es perro viejo y conocía a alguno de los libreros, además me crucé con Vito Vázquez, que había publicado con Dolmen Editorial Cómo sobrevivir al apocalipsis zombi con tu madre, al que había visto en la feria del libro de Madrid y con el que pasé gran parte del tiempo (entre risas, anécdotas, cañas y consultándonos futuros proyectos).

Lo cierto es que así funcionaba todo, tú estabas tranquilo paseando por entre los stands hasta que te acercabas a una cafetería en la que había un amigo, te sentabas y poco a poco el círculo se iba extendiendo. No solo entre los autores, nada de eso, en cualquier momento todo visitante podía pasar a que le firmaran y charlar durante unos minutos en un ambiente totalmente cercano (y de fondo la preciosa Asturias).

Vito Vázquez y Sergio S. Morán. Buen rollo entre autores.

Creo que eso es lo que mejor define al Celsius 232. Esa es su esencia, su magia, lo que hace de este un festival único tanto para los invitados como para los visitantes, que de hecho en más de una ocasión son lo mismo. No hay realmente diferencias entre unos y otros, salvo por temas lógicos de organización, pero lo que se pretende es que todos los asistentes disfruten de cuatro días llenos de letras y buen rollo. No puedo expresarlo de otra forma, es así.

Y conmigo lo consiguieron. Tuve la suerte de conocer a profesionales de los que aprendía con solo escucharles hablar, ver diferentes formas de enfocar el oficio del escritor, apuntar tres o cuatro ideas para el futuro, además de tener mi propio momento fan boy con Robert Shearman, guionista de Doctor Who, charlando unos minutos sobre la serie y el libro que iba a presentar yo en el evento.

Claro está que para mí el mejor momento fue el rato que pude compartir con los lectores, amigos y curiosos que se acercaron a ver la presentación de Doctor Who: el loco de la cabina, además del rato posterior de firmas que siempre es cuando uno tiene la suerte de poder hablar más de cerca con todos vosotros, que (esto es así) sois los que hacéis que la rueda siga girando. Sin lectores los libros no son más que árboles muertos manchados de tinta, con vosotros son puertas a lugares que pueden cobrar vida.

Tras esto poco quedaba ya que fue el sábado a mitad de la tarde. Se acercaba el final del evento, las despedidas y la vuelta al hotel (a horas tardías y malvadas) para al día siguiente poner rumbo al aeropuerto dejando Asturias atrás una vez más pero deseando volver, igual que siempre que me voy de allí.

… peroooooooo…

… pero pedí que me llevaran antes al aeropuerto a fin de aprovechar un par de horas para hacer bocetos para el libro de cuentos sobre Frost, teniendo la suerte de compartir taxi con varios de los autores ingleses invitados pero con la mala fortuna de tener un retraso en el vuelo que me tuvo atrapado allí hasta más de las diez de la noche.

La parte buena es que no estuve solo. Compartieron el “secuestro” Sofía Rhei, Rus Smith, Sergi Escolano y Diego García Cruz, convirtiendo lo que iba a ser un sopor en un montón de risas y anécdotas haciendo que durante un rato más la rueda del Celsius siguiera girando.

Al final, por fin, logramos volver a Barcelona, pude estrechar la mano al mítico Alejo Cuervo y tras un rato de taxi llegar a casa para dejar que todo lo sucedido se convierta en recuerdos.

Gracias a todos los que lo habéis hecho posible: a la organización, los autores, los lectores, los medios, los cosplayers… A todos, ¡gracias!

Celsius 232 es todo esto y más. Id el año que viene, de verdad que no os decepcionará.

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