En el año 1939 T.S. Elliot publicó el libro titulado El libro de los gatos habilidosos del viejo Possum, en el que se detallaba con mucho humor la vida de los gatos, y fue precisamente este volumen el que sirvió de base en 1981 para el muy conocido musical firmado por Andrew Lloyd Webber, mismo compositor detrás de otros grandes éxitos como El fantasma de la ópera o Jesuscristo Superstar.

Pero no ha sido hasta 2019 que alguien se ha decidido a llevarlo a la gran pantalla, en concreto Universal Pictures y el director Tom Hooper, quien hace años ya se puso tras los mandos en la adaptación a filme de Los miserables, que rápidamente se convirtió en un gran éxito.

Podría perderme durante líneas en comentaros lo acertado que es el mundo que ha creado, a la vez exagerado y con un toque naíf, lleno de luces y sombras que son tanto metafóricas como literales. También podría elogiar las actuaciones de Judi Dench como Viejo Deuteronomio o de Ian McKellen como Gus, el gato del teatro, que si bien tienen una participación más o menos breve, es de lo mejor que da todo el filme. O podría referirme a la desconocida Francesca Hayward, quien da vida a la gata Victoria que se convierte en la guía para el espectador ya que ella también es nueva en el universo que se presenta, y cuyo talento como bailarina es sencillamente delicioso al punto de que ha logrado arrancarme alguna lágrima.

Podría, también, perderme otras tantas líneas en comentaros lo que sobra Taylor Switf en esta producción, momentos en los que la escala del mundo real y el gatuno no terminan de encajar, de lo rápido que sucede todo sin que nada pueda dejar poso en el espectador, en lo absurdo del argumento (el del musical, seamos sinceros) o en la dudosa elección del maquillaje digital para crear a estos felinos humanos en vez de hacerlo por métodos más tradicionales.

También podría hacerlo con muchos más puntos a favor y en contra, con críticas que han salido satisfechas y otras que ha defenestrado al filme. También puede comentarse la gran cantidad de gente que ha ido (e irá) con su odio ya preparado de casa y su prejuicio de serie en el bolsillo, en vez de ir a sentarse a la sala a ver qué sucede. O sencillamente podría deciros que este filme os encantará o lo odiaréis, no habrá punto medio.

Pero esto no es lo que interesa, lo que realmente interesa es que el director junto al guionista Lee Hall, detrás de brillantes títulos como Billy Elliot (Quiero bailar) o Rocketman, han creado una propuesta que es a partes iguales excéntrica y excesiva al punto de que no debería funcionar pero logra hacerlo. Su universo es extraño y como tal se muestra, no pretende convencer a nadie de la realidad del mismo y juega con ello para fabricar un relato que vive en el país de los sueños, y los sueños no necesitan ser reales para ser ciertos.

Para mí esta película es igual que Trolls, te propone un mundo extraño y caótico, y tú puedes entrar o quedarte fuera. Si te quedas fuera, muy posiblemente sea uno de los peores filmes que hayas visto este año, pero si entras y te dejas llevar por la ensoñación, entonces lo vas a disfrutar mucho.

Id al cine, id a disfrutar del caos onírico que ha creado Tom Hooper.

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