La pregunta es muy sencilla y la respuesta es muy compleja.

¿Es Rick Deckard un replicante? ¿Es Rick Deckard un ser humano?

Décadas sin saberlo, décadas de teorías, años y años sin una respuesta clara.

¿Acaso importa si es replicante o humano? ¿Es menos real por ser una de las dos cosas?

Preguntas y más preguntas.

La obra original

En el año 1968 el genio llamado Philip K. Dick publicó un relato distópico llamado ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, ambientado en un hipotético mundo futuro en el que la guerra nuclear terminó con la vida de los animales y con la nuestra según la conocemos hoy en día (o más bien, en los ya lejanos sesenta).

La radiación se ha ido extendiendo por todo el planeta y así en 1992 (inicialmente, las fechas en ocasiones se revisan) se insta a la población a que se marche, y los que se queden deberán vivir hacinados en ciudades salidas del delirio en las que la enfermedad y las mutaciones son la consecuencia a pagar.

En este destino nefasto al igual que se crean réplicas de los animales se crean réplicas de los seres humanos. Los más avanzados de estos seres son copias prácticamente indistinguibles de los seres humanos y a los que Rick Deckard debe dar caza, ya que ese es su trabajo. Como diría Lobezno: no es un trabajo bonito, pero alguien tiene que hacerlo.

A través de esta premisa el autor va hablando de diversos temas que también son habituales en su prolífica carrera. Desde qué es o no real, la religión, las castas de la humanidad y, como es evidente, la pregunta de qué hace hombre al hombre.

La novela alcanzó rápidamente la inmortalidad, algo destinado a muy pocos genios, situándose como una lectura obligada para los amantes de la ciencia ficción, la filosofía, la buena narrativa y estando todavía de gran actualidad, lo que no deja de ser inquietante.

Salto al cine

A pesar de intereses previos de adaptar al cine el relato, no fue hasta los años ochenta que se llevaría a la gran pantalla y sería en las manos de Ridley Scott como director, y un guión con muchas libertades que vino firmado por Hampton Fancher y David Webb Peoples. Esta unión logró crear una película con vida propia, que si bien se inspira en una obra anterior no duda en tomar su camino y dar con una personalidad concreta.

Así se hicieron varios cambios que van desde lo nimio, como el cambio de ciudad, a puntos relevantes, como la forma de ser de los androides o replicantes, además del título que pasó a ser Blade Runner, el mismo que la novela de 1974 de Alan E. Nourse The Bladerunner (de la que William S. Burroughs hizo un guión cinematográfico), entre otros que se barajaron como Dangerous Days, Mechanismo o Peoples y una clara influencia del cómic The Long Tomorrow de Moebius y Dan O´Bannon.

El protagonismo total recae en Harrison Ford, junto con Indiana Jones y Han Solo en uno de sus papeles más importantes, como Rick Deckard, que mantiene su trabajo de terminar con los humanos artificiales que reciben de forma clara el término de replicantes, mientras que en su caso su mercenaria profesión pasa a ser conocida como Blade Runner. Al otro lado están Sean Young, Edward James Olmos y Daryl Hanna, y por supuesto Rutger Hauer como el inolvidable Roy Batty. Sin duda la interpretación más recordada de la película con una escena que ha pasado por siempre a los pasillos dorados de la Historia (con H mayúscula) del cine, tanto por su realización, diálogo y los muchos matices de su interpretación.

Hay que decir que en su momento la obra no fue considerada la joya que es hoy en día, ya que logró dividir a la crítica y la recaudación no fue ni de lejos la esperada. El paso del tiempo junto con los diferentes lanzamientos domésticos, varios montajes incluyendo uno final firmado en su totalidad por Ridley Scott y reestrenos lograron que alcanzara el lugar que sin duda alguna merecía tener.

Han pasado treinta años

Durante mucho tiempo se especuló sobre la posibilidad de una secuela de Blade Runner, la película (cualquiera de sus montajes) dejaba abierta muchas preguntas que requerían respuestas y la condición de Rick Deckard seguía siendo material de especulación. Finalmente se supo que de forma oficial el proyecto estaba en marcha, de nuevo con Ridley Scott que mantuvo conversaciones con Harrison Ford y la idea de ampliar el universo presentado aunque alejándose de lo ya visto.

Aunque sí se contó finalmente con el Blade Runner original, no así con su realizador, pasando el testigo a las manos de Denis Villeneuve, que ha demostrado ser un digno heredero y ha dotado al filme llamado Blade Runner 2049 de una cierta sensibilidad implícita que queda patente a través las casi tres horas de duración. Una duración que personalmente considero excesiva pero que sirve para que el cineasta pueda tomarse su tiempo para contar y mostrar aquello que considera preciso, e incluso abrir unas posibles puertas a nuevas entregas.

El guión firmado por Michael Green y Hampton Fancher se basa en una historia de este mismo que se sitúa treinta años después de la original, como bien claro deja el título, y cuenta con Ryan Gosling como protagonista. De nuevo un Blade Runner que se debate entre su deber y su conciencia, y que desde un comienzo responde de forma premeditada a la pregunta sobre Rick Deckard que durante tanto tiempo hemos tenido todos. Al menos en cierta forma.

El actor, muy popular ahora mismo por La ciudad de las estrellas, es el guía de un viaje por lo que a veces es el Infierno y otras podría ser el Paraíso, un periplo en el que todo se entremezcla sin que podamos distinguir si los ángeles son tal o solo demonios disfrazados. Este juego a dos luces se produce durante toda la película, de nuevo planteando el dilema de qué hace hombre al hombre y qué es el alma humana.

Así a su lado iremos recorriendo las diferentes calles y parajes de este universo ampliando, que en ocasiones podría decirse que es en realidad un Fanfic de la Blade Runner original, en su búsqueda de la verdad, de sí mismo y en su inevitable cruce con Rick Deckard que igual de inevitablemente lo cambiará todo. A él mismo, a Deckard, a su pasado y a su futuro, uniendo de forma evidente esta secuela con el primer montaje de 1982, que como ya aclaró su director de la aplaudida La llegada él se fijaba en esa iniciática versión (a la que considera la mejor) y el Final Cut de 2007.

Es cierto que argumentalmente no llega a la altura de la original ya que esta logró romper moldes, pero tampoco lo pretende y tiene claro su posición de secuela, y por tanto desde un principio se baña al filme de tal intención. Así en lugar de apostar por una personalidad más propia y arriesgarse en una historia más desvinculada del clásico se abraza a este sin ocultarlo, quizá dejando pasar una oportunidad de crear algo único pero que por otro lado se alejaría también de lo que muchos espectadores desean ver en el cine.

Visualmente impecable, dotada de una fotografía preciosista y unos efectos visuales milimétricamente planeados con un CGI usado con cuidado y sin abuso, una banda sonora totalmente acertada y pensada totalmente para ser vista en el cine (no hacerlo sería un error) aprovechando las actuales posibilidades de la industria para usarlas a su favor se presenta como uno de los estrenos imprescindible de este 2017.

Blade Runner 2049 no es una obra maestra y no logra alzarse como igual ante su predecesora, pocas secuelas de un producto fascinante logran hacerlo, pero a pesar de no alcanzar la increíble química de esta puede aguantar varios rounds ante ella.

Disfrutadla en la mejor pantalla que podáis y perdeos por la belleza distópica que firma Denis Villeneuve.

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