En ocasiones parece que solo somos capaces de recordar que DC Comics pertenece a Warner Bros. con cada debacle cinematográfica, al menos de un tiempo a esta parte. Justo es reconocer que en el pasado sus películas sí lograron reflejar a los personajes, hacerse con la taquilla, el público, la crítica y los niños (y coleccionistas) gracias a todo el merchandising que solía ir asociado a estas producciones.

En ocasiones hay algún guiño. Por ejemplo un peluche de Bugs Bunny en algún rincón, una referencia a algún capítulo clásico de los locos Looney Tunes y poco más. También a la inversa, ya que se ha podido ver a Bugs o Lucas caracterizado de varios de los personajes de DC, e incluso ha habido muñecos de esta guisa. Pero lo cierto es que en general no es más que esto, un pequeño chiste para el lector que sepa verlo y nada más.

Hasta que alguien pensó que era buena idea que Batman se cruzara con Elmer Fudd, o Elmer Gruñón para los que vamos peinando canas. Sí, habéis leído bien. Se abre la temporada de murciélagos.

Tom King ha cogido a los diferentes personajes de los Looney Tunes, no solo al cazador, para crear una historia digna de Gotham. Es oscura, llena de luces y sombras, con delincuentes que mienten, otros que quebrantan la ley por culpa de un corazón roto; todos ellos vigilado por ese misterioso vigilante que protege a los inocentes, aunque en ocasiones llegue a asustarlos más que los propios villanos.

Apoyado por el talento de Lee Weeks y Byron Vaughns, el guionista presenta un tomo en el que las referencias a los queridos personajes del mundo de animación están por doquier, y no pasan inadvertidas para nadie. Hay un Elmer, pero también un Bugs, un Yosemite Sam y por supuesto un Porky que cumple con su papel de maestro de ceremonias a la perfección.

Entre todos ellos Batman es solo uno más, ya que se ha hecho un buen trabajo de traslación logrando que todos estos nombres se mimeticen a la perfección con las sombras de Gotham, pero sin dejar de ser ellos en todo momento. La locura está ahí, el humor está ahí, y la situaciones absurdas están ahí, solo que sin inocencia y sin dar lugar a dobles lecturas como era habitual en los cortos animados.

Batman/Elmer Fudd no es una gran obra, no permanecerá en el recuerdo, es solo un producto divertido, un placer culpable que hace mucho que queríamos leer, destinado tan solo a los fans de los Looney Tunes y al que regresaremos de cuando para desaparecer por un rato del día a día, perdernos entre sonrisas, guiños y un homenaje lleno de respeto.

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