Lo habitual es que las historias de Astro City sean breves y autoconclusivas, aunque en ocasiones las ramificaciones de una lleguen hasta otra, pero suelen ser productos unitarios. Esta norma no se aplica a Confesión.

Para esta ocasión se ha preferido narrar una trama que ocupa varios capítulos, en los que los personajes protagonistas verán su mundo tambalearse además de tener que enfrentarse al reflejo que les devuelve el espejo, por irónica que resulte esta frase cuando leas el cómic.

Gracias a esta elección estamos ante uno de los mejores tratamientos que ha tenido Astro City, al permitir a los dos héroes (El Confesor y El Monaguillo) evolucionen al unísono mientras se conforma toda la historia que nos quieren mostrar. Por supuesto, lo habitual en esta serie, el fondo superheróico no es más que humo para contar otra cosa, en este caso una deconstrucción de tópicos gracias a otros tópicos y un claro ejercicio de querer llevar a la cabecera un punto más alto del ya muy de por sí alto listón que tenía.

Todo empieza de una forma normal con un joven que llega a la gran ciudad para intentar abrirse paso, aunque no precisamente para triunfar como actor igual que en las películas de Hollywood, su intención es lograr convertirse en el ayudante de algún superhéroe. Lo que no esperaba es que fuera precisamente El Confesor el que lo tome bajo su tutela.

El oscuro justiciero al que todos los villanos temen, una revisión en clave mística de Batman (con ciertos toques del terror más clásico). ¿O hay algo más? ¿Qué se esconde realmente bajo es brillante cruz que tiene en el pecho? Será precisamente a su compañero al que le toque descubrirlo y ver que “las dos caras siempre están ahí”.

Esas sabias palabras de El Confesor son las que pueden resumir todo este volumen que es más una historia de psicoanálisis que de superhéroes al uso. No duda también en ir por el camino de cómo la masa se deja manipular y llevar. Citaré a Men in Black cuando K le dice a J “el individuo es listo… la masa es un animal miedoso, idiota y peligroso”, nadie puede negar que tiene razón y en este tomo se muestra más que nunca.

Decir que estamos ante el mejor trabajo de  puede ser exagerado, todos son excepcionales, pero sí ante uno de los más atípicos y recomendables.

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