Animales fantásticos: Los crímenes de Grindelwald es el nuevo blockbuster de fantasía moderna épica situado en el Mundo Mágico (Wizarding World) de J. K Rowling. Esta secuela al film Animales fantásticos y dónde encontrarlos (2016), también del director David Yates, es la segunda pieza de la nueva saga spin-off de Harry Potter (varios directores, 2001 – 2011) que consta ya de cinco películas anunciadas y narra los eventos de la Guerra Mágica Internacional, setenta años antes de los acontecimientos de la primera saga.

Meses tras el encarcelamiento del malvado mago Grindelwald (Johnny Depp) en Nueva York, el magizoólogo Newt Scamander (Eddie Redmayne) se enfrenta en Londres a su hermano Theseus (Callum Turner) y al Ministerio de Magia por sus acciones en dicha captura. Cuando Grindelwald escapa en pos del joven Credence Barebone (Ezra Miller), su arma secreta para llevar a cabo su rebelión e iniciar una guerra contra el mundo no-mago, Albus Dumbledore (Jude Law) enviará a Newt a Paris a por el joven Barebone. Allí se entrelazarán todos los caminos, incluyendo el de Newt con la aurora (cazadora de magos malvados) e interés romántico Tina Goldstein (Katherine Waterston), y el de la prometida de Theseus, Leta Lestrange (Zoë Kravitz) con las raíces de su familia.

Con un ritmo oscilante y extraño, y una trama de caza de personaje que es difícil que cautive al espectador, Rowling y Yates juegan la carta de narrar la historia en un mundo inimaginablemente rico y bien construido sentando las bases de una saga que, si juega bien el resto de sus cartas en años venideros, no tendrá nada que envidiar en conjunto a la original. El hilo argumental es vago, pero la trama de la que bebe y hacia la que conduce es fascinante. Y lo mismo ocurre con sus personajes: son todos altamente carismáticos, algunos de ellos previamente establecidos en una precuela, pero pocos con un momento siquiera para brillar.

Tal y como Rowling ha intentado siempre con sus piezas, Animales fantásticos 2 trata desde su vertiente fantástica el alzamiento del fascismo en las sociedades modernas a través de líderes carismáticos y baños de masas agitadas en momentos turbulentos de la historia. Desarrolla, así, quizá la pieza narrativa en su Universo Mágico más interesante, dejando caer sobre los hombros de Depp el peso de ser un villano de más peso incluso que su Lord Voldemort.

Con un elenco de personajes principales demasiado extenso, no hay relaciones que no se desarrollen si no es a trompicones. Dos de los personajes preferidos de la audiencia, con gran potencial y con actores llenos de talento a sus espaldas, el muggle Jacob Kowalski (Dan Fogler) y la maga Queenie Goldstein (Alison Sudol), presentan quizá el punto de vista narrativo más interesante: los civiles que han de posicionarse en los albores de una guerra. Sin embargo, demasiado poco tiempo de pantalla para ellos, y mal aprovechados los de Newt, Tina y Lestrange.

Las referencias rotas y guiños a historias y películas anteriores son diversos y poco descarados. Todo lo que rodea al joven Dumbledore y el breve retorno a Hogwarts sabe a perfección, incluyendo las incongruencias canónico-anacrónicas y las decisiones de reescritura narrativa tomadas por Rowling. Jude Law es un Albus Dumbledore impecable. Necesitamos ver aún más de él (y eso que aparece más de lo esperado en la cinta). La inclusión de Nicolás Flamel y su Piedra Filosofal son, a nivel narrativo, un pseudo-Deus Ex en este capítulo… Esperemos que su aparición no sea gratuita y nos depare sorpresas en próximas secuelas.

No tengo palabras para describir lo que despierta en el niño que vive en mí cada uno de los detalles y diseños del Mundo Mágico y sus criaturas. No hay historia ni película que deje de sorprenderme, conceptual ni visualmente. Las criaturas y localizaciones que aparecen en esta son quizá el prodigio visual más espectacular de todos los largometrajes situados en el Wizarding World hasta la fecha. El suyo es un libro de arte conceptual que irá directo a la estantería.

Animales fantásticos y donde encontrarlos se convierte, en perspectiva, en una muy buena primera instancia de introducción de universo, elementos y personajes. Los crímenes de Grindelwald funciona como un muy bien asentamiento de las piezas en el tablero, y aunque algo distante en un principio, convierte su clímax en un gran final para este segundo acto de Animales fantásticos, parecido a como hizo en su día El imperio contraataca de Irvin Kershner en 1980 y Harry Potter y el cáliz de fuego de Mike Newell en 2005.

Pese a todo, y aunque los más jóvenes no la vayan a disfrutar tanto como los adolescentes y los adultos seguidores de la saga, Los crímenes de Grindelwald no es sólo un capítulo funcional y eficaz del Mundo Mágico, sino que se convierte en una de las cintas más disfrutables de ambas sagas.

Artículo de Sergi Páez.

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