Creo que no me confundo cuando digo que Ad Astra, va a desatar opiniones muy enfrentadas entre los espectadores. La película de James Gray que protagoniza Brad Pitt será, para muchos, un filme largo en el que no pasa nada, y es entendible que este planteamiento vaya a darse.

No en vano estamos inmersos en la era dorada de los blockbusters, con grandes producciones que rompen la taquilla, que llevan al público en masa a disfrutar del show, y a olvidarlo rápidamente. El motivo es muy sencillo, dentro de un mes habrá otro título de enorme repercusión que ir a ver, a engullir, y nuevamente a olvidar. Un círculo vicioso.

Por eso es bueno que en estos momentos las grandes de Hollywood también apuesten por este tipo de títulos, que siguen siendo películas de gran envergadura pero que no pretenden captar a todo el público (aunque sí tengan la intención de llevarse algún Oscar). Esto permite crear productos mas auténticos y con personalidad propia, aunque en este caso es inevitable no pensar en ocasiones en El corazón de las tinieblas (o en Apocalypse Now) y en 2001: Una odisea del espacio mientras se está en la sala viendo Ad Astra.

Y es en este punto dónde tenemos al otro sector, el que va a aplaudir a una película intimista ambientada en el espacio, un producto muy cuidado que pretende dar un mensaje claro y directo. Una historia que se toma su tiempo para contar las cosas, con un ritmo que si bien en ocasiones es excesivamente lento (salpicado con un par de innecesarios momentos de acción) no se hace pesado en ningún punto de su metraje.

El filme traslada al espectador a un futuro no muy distante, en el que los viajes a la Luna son habituales, en los que la exploración espacial está mucho mas avanzada de lo que hoy en día parece posible, pero en los que los humanos seguimos siendo humanos. Tenemos dudas, miedos y sentimientos con los luchar, menos Roy McBride (Brad Pitt), un astronauta que parece no temer a nada y que siempre es capaz de tener su cuerpo y su mente bajo control.

Él es el total protagonista de una historia en la que cuentan más sus pensamientos y reflexiones, que lo que se está proyectando en la pantalla. Si bien la trama consiste en que debe ir a buscar a su padre (un científico en teoría desparecido, interpretado por Tommy Lee Jones), lo auténticamente importante es todo lo que bulle dentro de su ser. Su visión de la vida, de los hombres, de su padre, de su misión, de él mismo…

James Gray firma una historia en la que todo es accesorio, la bien cuidada fotografía, el sonido trabajado al dedillo, la ambientación espacial… Lo único que importa es el diálogo interno de Brad Pitt. Podría haberlo hecho en un barco o en un bosque, en una ciudad y en una montaña, pero es cierto que en el espacio nadie puede oír tus gritos y tampoco leer tus pensamientos.

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