Fotografías de Doc Pastor.

Desde el 12 de abril de este 2018 y hasta el día 15 del mismo mes se ha celebrado la que ya es la 36ª edición del Salón del Cómic de Barcelona. El evento más popular e importante de los que se hacen en España relacionados con esta temática, y que tras varios años de estar coordinado por Carles Santamaría ha pasado a manos de Meritxell Puig.

Esto ha provocado varios cambios y que se hayan visto visos de un nuevo enfoque, pero de todo esto os hablaré con más calma en el artículo que publicaré en la revista Dolmen; lo que quiero hacer aquí es algo más personal, más a través de mis ojos (que iban con lentillas y además daltonismo de serie, ya voy avisando).

En esta ocasión iba con más ganas que otras al evento, en parte por ese cambio ya que tras tanto tiempo iba a ser distinto. No mucho y queda por ver en futuras ediciones qué pasará, pero por el momento se iba a hacer algo para salir de ese atascamiento al que ya nos habíamos acostumbrado y del que personalmente creo que (por fin) se está empezando a escapar.

Personalmente ha sido una de las veces en mucho tiempo que más he disfrutado del Salón, a pesar de que al igual que siempre por compromisos y sesiones ha habido más de una cosa que me he perdido. Más bien casi todas a las que tenía pensado acudir, pero esta es parte de la gracia de estas ferias, es precisamente algo que da valor a lo que estás haciendo, el coste que tiene y que de otra forma quizá no haría mella alguna.

Lo que sí pude ver, y en varias ocasiones, fueron las exposiciones de Jack Kirby y de Jan. La primera estaba justo al lado del acceso de acreditados, así que fue lo primero a lo que acudí y en fin… ¿Se puede describir cómo es estar tan cerca de la obra de un autor al que desde pequeño admiras? Sus trazos están ahí, solo a unos pocos milímetros de cristal de ti, notas a mano, partes re dibujadas, composiciones de portada… Si el año pasado casi tuvieron que arrancarme de la muestra de Will Eisner, algo parecido fue en esta ocasión.

De igual forma en diferentes momentos me perdí por la de Jan, profesional con una trayectoria más larga que mi brazo y padre del gran Superlópez, personaje que estrena en breve su primera película (y de cuyo director veréis aquí una entrevista dentro de poco). Sus láminas son poesía, casi magia, limpias y definidas, con un uso del color que te invita a intentar entrar dentro de las páginas y siempre con ese humor lleno de sarcasmo que todos conocemos. Sin duda este es el año de Jan y de Superlópez, lo que Randon House (actual editora de la obra) tiene claro por la cantidad de materiales que ha preparado, y también muchos libreros que acudieron al evento con pilas de historias del super héroe español.

En mi caso lo único que igualó el disfrute con estas dos exposiciones fue… ¡PITUFOS! Sí, amigos, allí estaban, promocionando una película que se había estrenado un año antes (y me ahorro comentarios sobre esto), pero me daba igual. Me encantan estos pequeños creados por Peyo, y fui directo a hacerme fotos con ellos y dar abrazos. Si alguna vez queréis hacerme feliz en una sesión de firmas, llevadme un muñeco de un pitufo y seré el niño más contento de la sala. De verdad os lo digo. Y parece que además voy contagiando a otros de esta fiebre azul, en mi círculo cada vez son más los que caen rendidos a ellos después de hablar conmigo (y estoy pensando que sería una buena columna para mi sección de opinión de Cinemascomics).

Y por supuesto, hilando un poco con el párrafo de antes, están las sesiones de firmas. Como autor es una de las mejores cosas del Salón, incluso en mi caso que no he publicado ningún tebeo (pero igual en uno tiempo esto cambia, ya os informaré) y rodeado de grandes del mundillo poco puedo hacer. Pero da igual, poder charlar con los lectores, saber qué les ha gustado más, de qué quieren que escribas, que un chico quiera que lo firmes para su novia a la que se lo va a regalar, o que unas niñas compren con su dinero un tomo para su padre… son pequeños momentos geniales que tiene este oficio de juntaletras.

Pero también es increíble estar al lado de autores como Nacho Fernández o Enrique Vegas, amigos desde años y a los que siempre es un placer ver trabajar en directo. También tuve la suerte de compartir un rato con Pedro Pérez que por derecho propio se está convirtiendo en uno de los nombres de referencia de las viñetas y cuyo lápiz parecía cargado de gasolina, además de mi última tanda de rúbricas en las que estuve al lado de Isaac Sánchez, más conocido por Loulogio. No hace falta deciros la eeennnooorrrrmmmeee cola que tenía, y el cariño que sus fans tenían para con él a cada minuto.

En realidad, cuando te das cuenta y te paras a reflexionar un momento, el salón es esto. El salón son buenos momentos a recordar. Sí, también son reuniones con tu editor para ver futuras obras, con otros profesionales para hablar sobre posibles proyectos, con autores para entrevistarles, es trabajo y todos los años terminas realmente cansado (hoy, 16 de abril de 2018, me he levantado y me dolía hasta el alma), pero cuando termina todo y estás solo en tu casa avanzando en el nuevo libro solo quedan los recuerdos de esos momentos.

Y no puedes evitar sonreír.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*
*
Website