Ha sido un recorrido largo, pero lo cierto es que ha costado llegar hasta el punto en el que se han podido estrenar multitud de películas superheróicas, especialmente sin temor a la licra amarilla (Scott Summers Dixit).

Seguro que en esta serie de artículos en la web de Doc para celebrar la década marvelita habrá gente más capaz que yo de analizar más concienzudamente, y desde un punto de vista más de industria cinematográfica, el impacto que ha supuesto la llegada de Marvel con su propio estudio al mundo del cine.

Desde mi punto de vista de autor-editor, lo que puedo opinar es sobretodo que las películas Marvel han ayudado mucho a la difusión y aceptación del mundo del cómic. Y no sólo al de superhéroes.

Poco a poco va quedando tan atrás que empieza a ser difícil recordarlo. Es más, la generación que hoy en día tiene 15-17 años probablemente apenas lo habrá vivido, pero antiguamente, especialmente de hace 10-12 años atrás, el mundillo del cómic no era tan aceptado como ahora. Seguro que a varios perros de guerra les parece que el panorama del cómic no ha cambiado tanto por un tema de costumbre, pero si echamos la vista atrás (y siempre teniendo en cuenta que aun nos falta mucho) antes era impensable que se generaría tanto material cinematográfico basado en cómics. También costaba imaginar que el cómic pasaría a ser algo tan accesible, hablando en términos de que ha pasado de ser algo que estaba básicamente en librerías especializadas a estar bien a la vista y destacado en librerías convencionales y centros comerciales.

Y de hecho, si nos fijamos en el recorrido de las películas Marvel, en la lista podemos encontrar un reflejo de cómo la sociedad ha ido aceptando cada vez más el mundillo: Empezando por un Blade en 1997 (si, en el recorrido incluyo las películas pre-Marvel Studios y su Iron Man 1) que es una película basada en cómics pero que puede pasar por una que no lo está.

Siguiendo con X-Men en 2001, que daba un paso más allá metiendo un pie en el agua hacia algo que iba más superheróico. En la propia cinta encontramos la burla de la citada “licra amarilla”, que era una forma de decir que al público del cine no le podías dar lo mismo que al de los cómics (y que Matrix y su estética de cuero negro seguían muy de moda), desembocando en una Spiderman de tonos oscurecidos estéticamente, pero no como en X-Men, en 2002. Aunque en este caso, es justo mencionar que la película de lanzarredes llevaba intentando realizarse desde mediados de los 90 con James Cameron a la cabeza.

Tras estos primeros intentos recientes de llevar superhéroes al público, no sólo fueron llegando con más frecuencia (Spiderman 2 y 3, el Hulk con Eric Bana, Daredevil, Los 4 Fantásticos, El Castigador…) sino que cuando llegó Marvel a hacerse cargo personalmente, por aquello del uso de calidad dispar que se estaba haciendo de sus licencias imagino, a partir de la primera de Iron Man se dio paso progresivamente a algo que en los 90, e incluso principios de los 2000, muchos no imaginábamos que llegaría: Colores brillantes exhibidos sin miedo basados en los cómics, un universo compartido primero tímidamente en forma de escenas post créditos y después de forma evidente a partir de Vengadores, y una cantidad de películas cuyos estrenos son sumamente esperados y con varios títulos en un mismo año.

En definitiva, un recorrido que ha llevado al público a ver las películas basadas en cómics, y el material en el que está basado, como algo natural. No se sabe hasta cuando durará el fuelle cinematográfico de los superhéroes, puede que 2 años, puede que 10, puede que se sepa hacer permanente. Pero lo que es seguro es que el impacto y apoyo que ha supuesto para el mundo de las viñetas en nuestro país difícilmente se echará para atrás.

Gracias, Marvel y que siga la fiesta.

Artículo de Toni Kudo, creador de Super Barna y fundador de Letra Blanka Editorial.

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